La opulencia que ha rodeado al mundo del narcotráfico ha sobrepasado los límites de la imaginación. Q’HUBO se adentró en esas excentricidades que han hecho que muchos ‘capos’ caigan en el radar de las autoridades, pues sus ‘lujitos’ suelen ser su propia perdición.
Tupac Amarú, el caballo del millón de dólares
Gonzalo Rodríguez Gacha, alias ‘El Mexicano’, quien fue el segundo narcotraficante más buscado del país, se ganó un lugar en esta lista por una de sus más preciadas posesiones: Tupac Amarú, el caballo por el que en 1986 pagó un millón de dólares, cifra que hoy equivaldría a cerca de 2,8 millones de dólares (11.500 millones de pesos colombianos).

El equino, considerado el más bello de su época, vivió en la finca La Chihuahua, en Pacho (Cundinamarca), donde tenía un veterinario disponible 24/7. A Tupac Amarú no le faltaba nada: celebraba cumpleaños con pastel y piñata, y hasta recibió un grupo de yeguas elegidas por el propio narco para su reproducción. Tal fue el cariño de Gacha por el caballo, que le pagó al cantante de rancheras Fernando Valente para que le compusiera una canción con su nombre.
El narco que retuvo a un ‘Beatle’ y a un ‘Stone’ en su isla privada
En un punto estratégico del mar Caribe, Carlos Lehder, recordado integrante del Cartel de Medellín, convirtió a Cayo Norman (una pequeña isla en la cadena de Exuma, en Bahamas) en su centro de operaciones para el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos.
Una firma estadounidense, vendió, a través de un abogado apoderado de Lehder, la mitad de la isla por 875.000 dólares en 1978, equivalente hoy a más de 4 millones de dólares. Desde este paradisíaco lugar, Lehder logró transportar 3,3 toneladas de cocaína en cuatro años, hasta 1982. Construyó una pista de aterrizaje de más de un kilómetro con su propia torre de control, además de un estudio de música profesional.

Por este lugar pasaron músicos como Ronnie Wood, guitarrista de los Rolling Stones, quien contó en su autobiografía que conoció a Lehder en un restaurante de París en 1979 y fue invitado a la isla. Allí pasó más de un mes junto a Ringo Starr, baterista de los Beatles. Según Wood, la estadía se extendió porque Lehder controlaba por completo la isla y no dejaba salir a sus invitados libremente, como fue el caso del integrante del cuarteto más famoso del Reino Unido.
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‘El Patrón’ de la opulencia
El legado de la cultura ‘traqueta’ dejó huella con Pablo Emilio Escobar Gaviria, uno de los más temidos delincuentes que ha tenido el país. Su historia está cargada de leyendas, pero en este caso, la realidad supera la ficción: Escobar fue el único malandro que mandó a construir una cárcel para entregarse en ella: La Catedral.
El sitio contaba con cancha de fútbol, zona de asados, cascada, jacuzzis y una casa de muñecas gigantes. Entre sus ‘jugueticos’, según su hijo Juan Pablo Escobar, figuraba un Mercedes Benz negro convertible 1977, una carroza del viejo oeste importada desde Estados Unidos, una motocicleta italiana Moto Guzzi y, al menos, 40 autos deportivos guardados en el Edificio Mónaco. Además, tenía unos 200 autos más en su finca y un penthouse en El Poblado en Medellín (Antioquía), al que le llevaban flores en un jet desde Bogotá todos los días.

La mayor muestra de opulencia fue Hacienda Nápoles, con 3.000 hectáreas, 27 lagos artificiales, 100.000 árboles frutales, pista de aterrizaje de un kilómetro, gasolinera propia, taller de mecánica, plaza de toros, autos de carrera, motos náuticas y una colección de animales exóticos: rinocerontes, elefantes, camellos, hipopótamos, cebras, jirafas, grullas, impalas, venados, dantas, canguros, flamencos y avestruces. Todo esto, como parte de una fortuna que al momento de su muerte, en diciembre de 1993, se estimaba en 25.000 millones de dólares.
Los hermanos que se la jugaron al fútbol con coca
‘El Ajedrecista’, como era conocido Gilberto Rodríguez Orejuela en el mundo criminal, fundó junto a su hermano Miguel el Cartel de Cali, ciudad desde donde operaron y llegaron a controlar el 80 % del tráfico de cocaína tras la muerte de Pablo Escobar. A Gilberto se le atribuye el envío de más de 200 toneladas del alcaloide a EE. UU., Europa y Centroamérica. En 1979 intentó convertirse en accionista del Deportivo Cali, pero fue bloqueado por los otros socios, pese a sus conexiones en la alta sociedad.
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Miguel Rodríguez Orejuela, conocido como ‘El Señor’, se convirtió a inicios de los años 80 en el mayor accionista del América de Cali. Fichó a figuras como Julio César Falcioni, Manuel Bataglia, Guillermo La Rosa, Ricardo Gareca, César Cueto y Willington Ortiz, con quienes el club ganó varios títulos. El equipo fue manejado por el cartel hasta 1997.

“Se conformó un equipo casi invencible que se paseó todos los estadios de Colombia, no solamente con sus grandes jugadores, sino con el dinero que había producto del narcotráfico, el cual también influyó en ciertos resultados cuando empezaron a pagarles a los árbitros dinero para que favorecieran al equipo”, relató Fernando Rodríguez Mondragón, hijo de Gilberto Rodríguez, en entrevista con El Universal de México en 2009.
Las ‘mil caras’ de ‘Chupeta’
Juan Carlos Ramírez Abadía, alias ‘Chupeta’, fue el último gran capo del Norte del Valle. Desde 1986, bajo el mando de los hermanos Rodríguez Orejuela, consolidó una fortuna que para 1994 ya ascendía a 1.800 millones de dólares.
Fue capturado en São Paulo (Brasil), en el exclusivo barrio Morada do Lagos, donde se le encontró una mansión avaluada en 2 millones de dólares. Allí hallaron también 44.000 dólares, 250.000 euros y 55.000 reales en efectivo. Su fortuna total estaba valorada en 28.000 millones de dólares. En la misma ciudad se descubrieron 16 empresas usadas para lavar dinero y 28 mansiones. En Cali, le incautaron varias propiedades, incluida una caleta con 68 millones de dólares y otra casa donde encontraron 309 lingotes de oro.

Pero lo más surrealista fue su transformación física: tras varias cirugías, se sometió a cambio de mandíbula, nariz, ojos, orejas, pómulos, frente y mentón. Con esos ‘retoquitos’ logró hacerse pasar como Marcelo Javier Unzue para burlar a las autoridades, entre otras identidades falsas que el narco tenía.
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