Han pasado casi dos años desde el feminicidio de Olga Lucía Peñuela Bojacá, ocurrido el 5 de diciembre de 2024 en Caicedonia (Valle del Cauca), y el proceso judicial contra Diego Murillo Ramírez —señalado como presunto responsable— continúa sin una condena.
El caso revive además un antecedente doloroso: el mismo hombre ya había sido condenado por el homicidio de Tatiana Grueso Calderón, en 2015, pero posteriormente obtuvo el beneficio de casa por cárcel.
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Un clamor por justicia
Actualmente, el expediente por el caso de Olga avanza en etapa de práctica y valoración de pruebas, en medio de constantes aplazamientos.
“Estamos desesperados… ya van como seis audiencias aplazadas”, denunció Gustavo Grueso, padre de Tatiana, quien ha acompañado a la familia de Olga desde el inicio del proceso. “Siempre hay excusas: que el abogado no llegó, que está enfermo. Así llevamos casi dos años”, agregó.
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El proceso aún no llega a sentencia y las próximas diligencias quedaron programadas entre agosto y septiembre. Andrea Valentina Romero Peñuela, hija de Olga, aseguró que la situación sigue siendo desgastante para la familia.
“Todavía estamos en la demostración de pruebas, pero siempre las aplazan”, señaló. La audiencia más reciente, realizada el pasado 6 de mayo, fue suspendida tras la renuncia de la defensa.
Los hechos investigados ocurrieron en medio de extrema violencia. Andrea relató que su madre fue asesinada “de una manera brutal, con cerca de 30 puñaladas, frente a su hija menor de edad”.
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La menor, quien presenció el crimen, ha sufrido graves secuelas emocionales. “Ha tenido intentos suicidas después de lo que pasó”, afirmó.
“Se burla de nosotros”
Para la familia de Tatiana Grueso, la indignación crece al recordar que Diego Murillo ya había sido condenado anteriormente. Gustavo Grueso sostiene que su hija fue asesinada con sevicia y que la condena inicial, de 18 años y tres meses sin beneficios, terminó reducida en la práctica.

“Le dieron casa por cárcel… salió a los seis años y mató a otra mujer”, aseguró.
También cuestionó las decisiones judiciales y los retrasos del proceso: “el asesino se burla de nosotros y la justicia también. Tenemos todas las pruebas y aun así esto no avanza. Uno se desespera porque pasan los meses y todo lo aplazan”.
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Sobre las secuelas que deja este tipo de violencia, fue contundente: “Un feminicidio es más duro después del asesinato que el mismo asesinato”, dijo, al referirse a la carga emocional y a la lucha permanente por obtener justicia.
El proceso contra Diego Murillo Ramírez continúa sin que se haya definido su responsabilidad penal en el caso de Olga. Mientras tanto, las familias siguen reclamando celeridad judicial y garantías de no repetición.
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El crimen de Tatiana grueso
Tatiana Grueso, de 21 años, fue asesinada el 15 de mayo de 2015 en Bogotá por su pareja, Diego Murillo Ramírez, en la vivienda donde convivían. El crimen ocurrió en presencia de su hijo, quien pasó la noche junto al cuerpo sin comprender lo sucedido. Días después, el menor alertó a sus familiares.

Murillo se entregó a las autoridades siete días después del asesinato, en una estación de Policía de Chicoral (Tolima), tras verse presionado por la búsqueda adelantada por las autoridades y por Gustavo Grueso, padre de la víctima.
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