La estabilidad financiera es determinante para el empleo y la economía nacional, especialmente si se tiene en cuenta que la base del desarrollo empresarial está conformada por las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) y por miles de emprendedores que dinamizan los mercados locales y generan nuevas oportunidades de crecimiento.
Vivian Acuña, country manager de Kapital Colombia, explica qué es un crédito saludable y por qué su gestión estratégica puede convertirse en un factor decisivo para mejorar la supervivencia empresarial y reducir riesgos financieros.
El gran error de los empresarios
La tasa de supervivencia empresarial en los primeros cinco años sigue siendo uno de los principales desafíos del tejido productivo colombiano. En muchos casos, el problema no es la falta de mercado, sino la dificultad para sostener la operación en entornos cada vez más exigentes.
La quiebra suele estar asociada a desajustes entre ingresos y gastos: pagos inmediatos a proveedores, ciclos largos de recaudo y márgenes estrechos que generan tensiones que pueden agravarse en contextos de incertidumbre económica.
El crédito, bien usado, puede ser un gran aliado

Vivian Acuña señala que es preferible un crédito bien estructurado y alineado con una necesidad concreta que varios préstamos pequeños adquiridos sin planeación.
“Un crédito saludable debe tener un propósito claro, estar vinculado a un retorno esperado, facilitar la planeación y no aumentar la complejidad financiera”, explica.
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La experta recomienda que los empresarios soliciten financiación antes de la temporada de mayores ventas, integrándola al período de planeación para preparar inventarios y operación. Pedir crédito durante o después del pico de ventas, advierte, suele responder a urgencias de liquidez que elevan el riesgo financiero.
“Un crédito saludable es el que acompaña el ciclo real del negocio, no el que llega cuando la presión ya está instalada”, añade.
Los emprendedores deben ponerse manos a la obra

Antes de endeudarse, es clave tener claridad sobre el destino de los recursos. Tiene sentido solicitar crédito para la compra de inventarios, fortalecer el capital de trabajo alineado al ciclo de ventas, invertir en equipos o tecnología que generen eficiencia y un retorno medible, o cubrir picos operativos temporales con un plan claro de pago.
En cambio, no es recomendable usar financiación para cubrir gastos estructurales permanentes, como el pago de nómina; cancelar impuestos atrasados de manera recurrente; tapar problemas de flujo de caja sin corregir la causa de fondo; o sostener una operación que no está generando ingresos suficientes.
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