De un momento a otro la vida del bogotano Cristian Rayo cambió por completo. Pasó de compartir camerino junto a figuras como Camilo Vargas, Ómar Pérez y Juan Daniel Roa, a ganarse la vida trabajando en una panadería, hasta construir en el 2020 su propio negocio de chorizos que hoy es todo un éxito.
Las malas decisiones lo fueron sacando del camino del fútbol profesional, la fiesta se volvió prioridad y eso, tarde que temprano, le pasó factura.
Hoy, después de muchos años, Cristian recuerda con nostalgia aquella etapa que marcó un antes y un después en su vida. Q’HUBO habló con él. Conozca su historia.
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¿Cómo recuerda sus inicios prometedores en el fútbol?
“Empecé a jugar en alto rendimiento desde los 14 años en la Academia Compensar (ya no existe). Mi formación fue a través del profesor Jorge ‘El Chamo’ Serna. Ahí fui creciendo por todas las categorías hasta llegar a la primera.
“Éramos un excelente equipo y a mi ya me pagaban. Además ya era Selección Bogotá y estuve en un microciclo con la Selección Colombia Sub-17 para un torneo de las Américas”.
¿Cómo llega a Santa Fe?
“En Compensar se acabó el proceso y me fui a Expreso Rojo (hoy Tigres). Después juego el Torneo Olaya con Caterpillar y es ahí cuando me llama Santa Fe y llego al equipo profesional. Me acuerdo cuando me subía al bus del equipo y veía en ese momento los “caballos” que estaban: Germán Centurión, Leider Preciado, Sergio Galván Rey, Ómar Pérez, Camilo Vargas, etc. Era un equipazo”

¿Por qué nunca debutó con el equipo?
“A Santa Fe no le estaba yendo muy bien. En ese momento cambió de técnico y es ahí cuando llegó Arturo Boyacá. Él nunca me tuvo en cuenta. Ya iba a firmar contrato cuando ficharon a Gerardo Bedoya, y pues él y yo jugábamos en la misma posición, entonces ya se imaginará quién fue prioridad”.
¿Se acuerda de alguien en especial?
“De Camilo Vargas. Con él compartí muchos años en la Selección Bogotá y era el que me ayudaba a integrarme con el grupo (en Santa Fe)”.

¿Fue la rumba lo que lo sacó de foco?
“No supe asimilar todo lo que me pasaba a los 16 años. Era muy chino. Tenía partido de competencia y yo el día anterior estaba enfiestado. Salía de la fiesta directamente al partido.
“Me acuerdo que William Mota, preparador físico en ese momento, se daba cuenta de las que hacía y me decía: ‘¿Qué, Rayo? Noches alegres; mañanas tristes’?
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¿Se arrepiente?
“Pude haber hecho demasiadas cosas buenas con el fútbol. Yo trabajaba en una panadería, ponía el noticiero y veía a mis compañeros entrenando.
“Fue muy duro verlos ahí cuando yo había renunciado a ese sueño. Viví un duelo de muchos años. Después, sin siquiera saber hervir agua estudié gastronomía. Luego de ir a un restaurante muy reconocido en Bogotá, me llegó la idea de tener un negocio de carne y chorizos.

“Vendí mi carro y lo invertí todo en una planta de producción. Empecé con ensayo y error, hasta que salí en diciembre del 2020 y fue todo un éxito”.
¿Hincha de Santa Fe?
“Del América, pero siempre estaré agradecido con Santa Fe de haberme dado esa oportunidad”.
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