Daniel Álvarez tiene claro que en Diamante Eléctrico rompe esquemas y empuja la vara, pero en su proyecto solista, Álvarez Mejía, se permite satisfacer sus gustos personales y musicales. Aunque con Bengala, su nuevo disco, esa línea se difuminó.
En diálogo con Q’HUBO, este músico y compositor detalla cómo equilibra la intensidad de Diamante con la intimidad de su proyecto personal; por qué eligió a Juan Galeano (su amigo y compañero de banda) como productor y cómo Bengala se convirtió en una herramienta vital para enfrentar sus crisis personales y servir de inspiración a otras personas. Además, dio detalles de su nuevo EP navideño y de lo que viene para la banda en 2026.
¿Cuánto tiempo le tomó la composición y producción de Bengala?
La composición se concentró entre febrero y junio de 2024. Tal vez ‘Hijas no se enamoren’ es una canción un poco más antigua, ya que se hizo antes de que nacieran las niñas, pero en general, este ha sido el proceso de composición más condensado que he tenido. La producción, por su parte, no tardó mucho tiempo, porque la hice con Juan Galeano y con él todo es rapidito. Terminamos antes de octubre de 2024, pero ahí mi vida se puso patas arriba, así que cuidé el disco y decidí detenerlo un instante mientras encontraba el momento para lanzarlo, hasta que el pasado miércoles lo hicimos.

Melódicamente, ¿cuál fue la principal influencia que tuvo?
Hay algo muy bonito y es que no me siento obligado a romper esquemas artísticos o a transgredir los límites de la estética; para eso tengo a Diamante Eléctrico, donde siempre estamos abriendo camino y empujando la vara.
En Álvarez Mejía puedo apoyarme en todas las melodías que más me gustan y que me resultan familiares. En español, puedo citar fácilmente como inspiraciones muy directas a Jorge Drexler, Juan Pablo Vega o Alex Ferreira; y en inglés, a Death Cab for Cutie. Son inspiraciones de las que puedo beber muy en paz, porque no creo que este sea un espacio donde deba romper los moldes, sino más bien satisfacer mis gustos personales más grandes y hacer discos que disfrute.
Canciones como ‘Bengala’ me gustan mucho porque son un juego de rima, de poesía y de interacción de melodías que se vuelven juguetonas, además de juegos armónicos. Así que va por ahí, y tiene mucho que ver con mis influencias.
El disco fue producido por Juan Galeano, su amigo y también compañero de Diamante Eléctrico. ¿Cómo fue trabajar con él en ese rol de productor – músico? ¿Cuál considera que fue el principal aporte de Juan a su trabajo?
Podría decirse que Bengala es un disco “muy mal portado”, como todas las producciones de Juan, mientras que yo venía con la intención de portarme muy bien. Mis trabajos anteriores, como Animales de frasco y Elefante, eran discos muy juiciosos, hechos con mucho cuidado. Juan, en cambio, es un tipo que se salta las normas; tiene la “mano muy pesada”, lo que hace que uno suene siempre al límite, siempre arriesgado.
El aporte de Juan es gigantesco. La concepción de arreglos y la dirección de la producción son completamente suyas. Yo llegué solo con las canciones en guitarra y voz, y con algunas ideas, pero el resultado es un disco que suena supertransgresor. De hecho, le estaba comentando a Juan Pablo Vega (cantante bogotano) sobre el sonido del disco, y recuerdo que la primera vez que lo escuchó me dijo: “Esto es distinto”. Y sí, es un disco distinto. Incluso a mí, por momentos, me suena muy arriesgado. Aunque al comienzo dije que quizás mi rol no es romper moldes, sí creo que, por la producción, la mezcla y los arreglos, es un disco rompedor, porque ir a trabajar con Juan es tener la garantía de que un par de vidrios se van a romper en el proceso.
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¿Por qué elegió a Juan Galeano como productor de este disco?
Tenía pendiente trabajar con Juan desde el principio. Es como si la persona que tienes sentada al lado es uno de los mejores chefs que conoces. Algún día vas a cenar con él, ¿no? Eso tenía que pasar.
Me tardé literalmente tres discos en sentirme en un lugar como intérprete y como compositor para soportar la exigencia de Juan. Hay que llegar muy seguro donde él, porque no se anda con pañitos de agua tibia ni con bombas y pastelitos para hacer sentir bien a nadie. Así que me tardé unos años en llegar ahí como artista solista, también porque él me conoce las tripas, ¿no? Es una persona con quien trabajo de manera completamente íntima en Diamante Eléctrico. Por lo tanto, llegar a desnudarse desde otro ángulo es muy difícil.
Veo a Bengala un disco más introspectivo, como que transcurre en una época muy reflexiva de su vida y también en un momento en que vive al 100 % su faceta de padre. ¿Esa fue su intención para el disco o fue algo circunstancial?
Yo hago discos para no atorarme, para no reventarme; esto cumple una labor completamente de salud, de entendimiento personal, de soltar, de expresar. Por lo tanto, este disco tiene muy poco de estratégico o comercial y todo de terapéutico, porque he atravesado muchas cosas. Los últimos dos o tres años de mi vida han estado marcados por el nacimiento de mis mellizas, por varias crisis depresivas y ansiosas, por un diagnóstico de trastorno obsesivo-compulsivo y el inicio de un tratamiento, y por la renuncia a mi empresa y un cambio laboral. Entonces, claro, he necesitado un espejo en el cual mirarme y entenderme, y eso, para mí, es la pluma y la música.

Usted en una entrevista dijo que la música le salvó la vida. ¿Ha pensado en el poder que puede tener este disco en las personas, en cómo puede influir en sus vidas?
Pues hace poco me di cuenta que, de tanto leer y oír una frase que me dice la gente que escucha nuestra música —tanto la mía como la de Diamante—, la normalicé: es “Su música me salvó“. Uno la oye y dice: “Ah, sí, es algo que la gente que escucha música le dice a sus artistas”. Pero recientemente he reflexionado sobre su poder y entendí que no es una frase cualquiera ni algo que se arroja al aire.
Literalmente, tener el poder de cambiarle la trayectoria a una crisis es una de las cosas más emocionantes. Es quizás lo que más orgulloso me pone de lo que hago. Si yo muriera hoy, celebraría haber podido brindar eso, haberle podido dar a la gente una canción como ‘Pausa’ en momentos decisivos. Porque precisamente esta canción habla sobre no saber dónde está el borde de la gente. Nunca sabes qué tan cerca está una persona, por ejemplo, de quitarse la vida.
Hay una frase en ‘Pausa’ que dice: “No sé dónde queda tu borde por tu sonrisa”. Es porque la gente es muy diestra para sonreír, y mientras más se oscurece por dentro, más luminosa puede resultar siendo la sonrisa, aparentemente. Entonces, al no saber dónde quedan los límites de todos nosotros, dejar música ahí afuera para que la gente pueda preguntárselo, respondérselo, analizárselo, y tal vez salvar el día o salvar la hora, y de hora en hora salvar la vida, es un poder como ningún otro que pueda existir.
¿Dónde ubicaría a Bengala en el universo musical de Diamante Eléctrico? ¿Con cuál disco de la banda se complementaría bien?
Si Diamante es una autopista, digamos que fundó un carril aparte con canciones como ‘A veces’, ‘Qué bonito es lo bonito’, ‘Yoya’ y ‘Persona favorita’, donde yo tuve una incidencia estética mucho mayor. La música normalmente en Diamante solía nacer de una propuesta estética de Juan y yo le aportaba; pero desde el álbum Mira lo que me hiciste hacer en adelante, esas canciones son donde yo di el primer paso y dejé mi huella. Esa huella es a la que yo le doy doble clic y expando en mi trabajo solista. Así que yo creo que por ahí va la cosa. Me gusta verlo como universos complementarios. Es como tener a Diamante en el centro y después poder perderte en otras direcciones.
Algún día oía que la gente que escucha Tropicana es la misma gente que escucha Vibra; lo hace en horarios diferentes. A mí me gusta imaginarme así el universo de Diamante, donde no todo el tiempo estás oyendo canciones como ‘Malhablado’; también quieres oír canciones como ‘Pausa’ o como Kintsukuroi de Juan… Creo que todo eso hace parte del mismo universo.
¿Cómo tiene contemplado el formato en vivo de Bengala? ¿Cuándo piensa presentarlo al público?
Quiero estabilizar un formato en vivo para mi carrera solista, que sea práctico, sencillo, con banda, pero fácil de montar. Creo que se acerca mucho a lo que hice en el BIME: teclados, bajo, batería y yo. Me gustaría estabilizarlo para tocar un par de veces al año, inclusive en Navidad, un momento tan importante para mí. A propósito, pronto sacaré música de Navidad escrita por mí.
Me gustaría hacer un show anual en Navidad y estar disponible para que la banda pueda tocar y podamos ir a abrir un show o tocar en alguna ciudad. Ya he moderado mis expectativas de una manera saludable; si le toco a 80, 100 o 200 personas, me parece que es el cielo absoluto.

¿Cómo será ese proyecto músical de Navidad?
Viene un EP que se llama Ya casi es Navidad. Son tres canciones: dos escritas 100 % por mí y una escrita con Raquel Sofía, que ya sacó y se llama ‘Año Nuevo, misma soledad’. Ahora la voy a grabar yo en mi versión.
Raquel es una cantante cuya voz no le cabe en el pecho, tiene una proyección gigantesca. Yo soy mucho más íntimo y grabé la canción en mi propia versión de intimidad y recogimiento. Las produjo Miguel Rico y las grabamos hace algunas semanas. Mauricio García las está mezclando ahorita, y eso vendrá pronto como parte de este ejercicio mío de liberar mi arte y de portarme como los artistas que admiro, que ponen su arte ahí afuera. Al final del día, es otro jardincito que le siembro a mis hijas, porque la Navidad es muy importante para mí y quiero ir enriqueciendo ese jardincito navideño con música hecha por mí.
¿Qué podemos esperar de ‘Crudo y Cursi’, el nuevo disco de Diamante Eléctrico?
Es el disco más sanador que hemos hecho. A Diamante normalmente Juan lo sana mucho como compositor, pero luego, cuando nos sentamos a producir el disco, nos ponemos en otro plan, como de pegar duro y de “romper bocas”, con un drive muy grande.
Pero este disco lo hicimos después de habernos roto seriamente, después de unos meses muy difíciles. Yo siempre he estado muy en contacto con mi vulnerabilidad; Diamante no, Juan no, pero este disco sí está atravesado por eso.
Hemos cruzado el infierno un par de veces en estos meses y Crudo y cursi es eso: crudo y cursi. Es un disco hecho como ningún otro: es 100% interpretado. Tiene muy poquitas programaciones (si es que tiene alguna), incluye reversiones de algunas de nuestras canciones más conocidas, pero también de otras no tanto; trae otra inédita y un cover totalmente impredecible.
En estos días lo estuvimos oyendo —ya que yo terminé de grabar guitarras— con Juan junto a Mauricio García (productor) y decíamos: “Hicimos un disco diferente”. Ni siquiera sé decirte qué género es, porque viaja por tantos lugares que es bien imprevisible.
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