¿Es de las personas a las que últimamente le cuesta procesar información, recordar cosas, tomar decisiones o siente que sus emociones están desbordadas? Su cerebro le está pidiendo un descanso. Así que, si en su empresa le permitieron descansar durante esta Semana Santa, procure cumplir a cabalidad ese reposo y deje de lado la invasiva idea de la productividad.
El sistema en el que vivimos, el contenido que se consume y la moda de la proactividad han generado que muchas personas se sientan culpables cuando deben destinar un tiempo a detenerse y descansar. Sin embargo, esta conducta pueden derivar en diversos problemas, que a la larga le harán su cotidianidad menos llevadera.
No solo evidencia científica lo confirma, también lo respaldan entidades mundiales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo, quienes consideran que el no descansar no solo afecta la salud neuronal y emocional, sino que a la larga también perjudica la famosa productividad por la cual las personas no pueden descansar.
Con lo anteriormente expuesto sale a relucir el famoso dicho de “por hacer más, se hace menos”, pues quienes están empecinados en no detenerse, a la final lo tendrán que hacer porque su cuerpo se los va a pedir.
¿Qué causa la famosa “productividad” en su cuerpo?

De acuerdo a la neuropsicóloga Jenny Cabrejo de Coomeva Medicina Prepagada, “la falta de descanso reduce la eficiencia de la corteza prefrontal, encargada de la atención y el control, y aumenta la reactividad de la amígdala, asociada al estrés y la irritabilidad“.
Además de la activación de la corteza prefrontal, dependiendo de la etapa de la vida, las personas pueden sufrir otras consecuencias: en el caso de los niños, la falta de descanso afectará el aprendizaje y la atención; en los adolescentes, se aumentará la desregulación emocional; en los adultos, se disminuye el rendimiento laboral; y en los adultos mayores podría generar un deterioro cognitivo acelerado.
Cuando se permite el descanso, el impacto se ve no solo en las emociones sino en la parte neurológica al activar la llamada red neuronal por defecto: “cuando descansamos, el cerebro activa redes que permiten procesar información, regular emociones y sostener funciones ejecutivas como la atención, la memoria de trabajo y la toma de decisiones. Sin esos espacios, el sistema simplemente colapsa”, explicó Cabrejo.
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La experta señala que en muchas personas está el hábito de seguir trabajando, respondiendo mensajes o consumiendo información sin parar fuera de los horarios laborales o incluso cuando se supone que es su día de descanso, lo cual impide que el cerebro cumpla las funciones básicas de recuperación.
Además de la alteración a la parte neurológica, con el tiempo, el impacto también se verá en el riesgo a adquirir enfermedades cardiovasculares. A estas consecuencias, la Organización Internacional del Trabajo suma que trabajar más tiempo no necesariamente significa producir mejor, al mismo tiempo que la Organización Mundial de la Salud asegura que el estrés laboral crónico y el burnout están impactando directamente la salud mental y la productividad a nivel global, al punto de que el agotamiento fue reconocido oficialmente como un fenómeno asociado al trabajo.
A lo expuesto se suma que, según la entidad, “la depresión y la ansiedad le cuestan a la economía mundial aproximadamente 1 billón de dólares al año en pérdida de productividad“.
Un llamado a descansar en Semana Santa

Coomeva señala que, más allá de las creencias espirituales de cada persona, es indispensable usar los días de Semana Santa para hacer una pausa consciente, recomendando establecer límites claros entre trabajo y descanso, promoviendo la desconexión digital en espacios personales y familiares y manteniendo hábitos de sueño regulares que favorezcan la recuperación mental.
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