La prescripción de una deuda es un mecanismo legal que permite al deudor liberarse de ciertas obligaciones financieras cuando el acreedor no ha realizado acciones de cobro dentro de un plazo determinado. En Colombia, este proceso no es automático: es el deudor quien debe iniciar una solicitud formal y, en la mayoría de los casos, acudir ante un juez para obtener la declaración oficial de prescripción.

Los tiempos de prescripción varían según el tipo de deuda. Por ejemplo, las deudas respaldadas por títulos valores, como pagarés, letras de cambio o facturas, prescriben a los tres años. Si la deuda está respaldada por un contrato —como ocurre con arrendamientos o acuerdos entre particulares— el plazo es de cinco años. En el caso de obligaciones que no están respaldadas por documentos con mérito ejecutivo, la prescripción se establece a los diez años. Estos tiempos comienzan a contarse desde que la deuda se vuelve exigible, es decir, desde el vencimiento pactado para el pago.
Para solicitar la prescripción, es necesario reunir una serie de documentos que acrediten la antigüedad de la obligación y la inactividad del acreedor. Entre ellos están el contrato original que estableció la deuda, los recibos del último pago realizado y cualquier documento legal relacionado con procesos judiciales anteriores (si los hubo). Estos papeles serán fundamentales para demostrar ante un juez que el tiempo legal de prescripción ya se cumplió y que no hubo acciones de cobro efectivas durante ese periodo.
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El proceso inicia con una verificación del tiempo transcurrido desde la exigibilidad de la deuda. Luego, se puede presentar una solicitud directa al acreedor para que reconozca la prescripción. Si este la niega o no responde, el siguiente paso es presentar una demanda judicial.
Es importante tener en cuenta que, aunque la prescripción sea declarada por un juez y la deuda se extinga legalmente, esta puede continuar apareciendo en el historial crediticio del deudor. Por ello, también es recomendable solicitar la actualización del reporte ante las centrales de riesgo una vez obtenida la sentencia.
Este proceso puede representar un alivio significativo para muchas personas con deudas antiguas, pero requiere conocimiento legal y documentación precisa para llevarse a cabo de manera efectiva.
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