La madrugada del 8 de diciembre quedó marcada por el horror en Soacha. Entre la 1:00 y las 2:00 a. m., en medio de una reunión que debía ser una celebración, Keverlin del Carmen Nieves, de 26 años, madre de una niña de 9, fue asesinada frente a varias personas y, según su familia, frente a los ojos de su hija.
“Justicia. Esa niña quedó sola y ella daba todo por su vida”, pidió con la voz rota Katherin del Carmen Parra Nieves, prima de la víctima, quien habló con Q’HUBO para relatar el infierno que su familia atraviesa.
Doloroso crimen en Soacha
Keverlin, venezolana del estado Miranda, llevaba casi seis años fuera de su país. Vivió un tiempo en Cartagena y luego en Bogotá, donde trabajaba en un fruver para sostener a su hija. Actualmente residía en Usme, en el sector El Virrey.
Este 7 de diciembre, en la tarde, salió con su pareja —un hombre que se hacía llamar Jefraín, aunque su verdadero nombre sería Israel Naliwum, de entre 30 y 33 años— a la casa de una amiga para pasar la Noche de Velitas.
“Tenían de pareja 2 años, vivieron un tiempo juntos, pero por diferencias ya no convivían. Ella vivía con su hija en un arriendo y él en otro con sus hijos”, relató la allegada.
En la vivienda había otras personas. En medio de la celebración empezaron las discusiones entre la pareja. Nadie imaginó que terminaría en tragedia.
“Hubo discusiones… él la agredió, le dio tres puñaladas, dos en la cervical y otra en uno de sus hombros: ella murió enseguida”, contó Katherin, tratando de reconstruir con fragmentos lo que los testigos alcanzaron a narrar.

El horror avanzó sin que nadie pudiera detenerlo. La hija de la dueña de la casa fue quien alertó a la familia paterna de la niña. “Ella avisó a la abuela de la niña. Cuando el papá llegó, ya se la habían llevado al hospital”, contó.
El desenlace fue devastador: “Cuando llegó al hospital… ya estaba muerta”.
El papá de la niña permanece allí, según relató Katherin: “No se puede ir del hospital, no le dan información, solo le dijeron las heridas que tenía y que murió enseguida”.
La menor fue llevada con una doctora. No ha querido hablar. “Lo que hace es llorar y dice que es culpa de ella porque no defendió a su mamá”, lamentó la prima entre lágrimas.
Lo buscan
El agresor huyó. Nadie volvió a verlo. La familia teme lo peor: “Ya habíamos escuchado que estaba organizando un viaje para España con sus familiares”, dijo la familiar.
Según Katherin, una amiga que vivía con Keverlin les compartió esa información. El papá de la niña intentó denunciar, entregó todos los datos que tenía, pero: “No le dieron ningún papel donde salga que la denuncia está puesta. Nada”.

A esta angustia se suma el drama de la distancia. Keverlin no tenía más familia en Colombia. “Un hermano mío vivía con ella, pero él no fue a la fiesta, él se enteró horas después de lo sucedido”. Desde Venezuela, la madre, una hermana y la mamá de Katherin emprendieron un largo viaje para llegar al país: “Van en camino para ver qué se puede hacer… si podemos repatriar el cuerpo”, dice la familiar.
Entre el dolor y la incertidumbre, la familia suplica que las autoridades actúen con urgencia. “Él puede salir del país”, insiste Katherine.
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