La historia de Fabiana Karina Rincón Durán, ingeniera ambiental de 35 años, lideresa social, activista política y madre de una niña de 5 años, es un testimonio de resistencia y una prueba de que los milagros existen. El pasado 22 de septiembre, en su vivienda del sector de Hayuelos (Fontibón), fue víctima de un intento de feminicidio perpetrado por su expareja sentimental, quien la atacó brutalmente con un martillo.
Desgarrador relato de Karina
Karina había regresado a su apartamento después de celebrar su cumpleaños con unas amigas. Se cambió de ropa y entró a su habitación; en ese instante, el hombre irrumpió. “Entró con el martillo en la mano. Pensé que iba a hacer algún arreglo. En segundos sentí el primer golpe en la cabeza. Solo pensaba: no voy a morir, voy a vivir”, recordó.
El ataque fue brutal. Recibió 17 martillazos en el cráneo y tres en el rostro. “Me tomó por detrás y me seguía golpeando. Logré ver a mi hija dormida en su habitación. Grité pidiendo ayuda, pero ella nunca despertó”. La mascota, una pastora australiana, ladró sin parar hasta alertar a la portería. El vigilante subió, la encontró inconsciente y la bajó a la portería. “Dicen que abrí los ojos y solo pude decir: ‘mi bebé sigue adentro, bájela, por favor’”, contó.

Los médicos del Hospital de Fontibón la declararon con muerte cerebral, pero su madre nunca se rindió. “Fue la voz de mi mamá la que escuché. Cuando me habló, abrí los ojos. El neurocirujano abrazó a mi mamá y le dijo: ‘Usted ha hecho un milagro’”, recordó con lágrimas. Luego fue trasladada al Hospital de Kennedy, donde permaneció en coma durante varios días y fue sometida a una cirugía de 12 horas: seis en el rostro y seis en el cráneo.
Hoy, desde la casa de un familiar, continúa un largo y costoso proceso de recuperación. “Perdí todos mis dientes de arriba; me los sacó con un alicate. Necesito cirugías, láser, tratamientos dermatológicos y estéticos. Son meses y recursos que no tengo, pero tengo vida, tengo a mi hija y eso me da fuerza”.

Sobreviviente de feminicidio denuncia que pidió ayuda y se la negaron
Su agresor, un hombre de 51 años y padre de su hija, fue capturado y enviado a prisión. La Fiscalía le imputó el delito de feminicidio agravado en grado de tentativa, cargo que no aceptó. “Solo deseo que no haya vencimiento de términos, que no salga libre. No le tengo odio, pero quiero que pague y que no haya otra víctima”.
Antes del ataque, ella había solicitado ayuda. “Hace un año fui a la Comisaría de Familia y pedí medida de protección, pero no me la dieron. No sentí respaldo. A las mujeres no nos escuchan. Vamos una, dos, tres veces, pero cuando no pasa nada, dejamos de denunciar por miedo”.

Su testimonio es un grito de resistencia y advertencia. “Cuando vean señales de agresividad o cambios drásticos, no crean en las flores ni en las canciones después del maltrato. Esas son alarmas. Y a las entidades, les pido que nos escuchen. No esperen a que estemos muertas para creer en nosotras”.
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