A sus 14 años, Carlos Andrés González Zabala ya tenía claro qué quería ser: cantante. En el barrio Julio César Turbay de la localidad de Santa Fe, ubicada en el centro de Bogotá, todos lo conocían como el ‘niño mariachi’. Desde los 5 años, cuando empezó a imitar canciones que oía en la radio, su voz llamaba la atención. Su papá le compró micrófono, pistas y sonido. Cada vez que había mariachis en el sector, los vecinos pedían: “¡Que cante Carlos!”. Y él cantaba.
En medio de calles duras, pandillas y tentaciones, su talento brillaba incluso en medio de la adversidad. Su madre, vendedora ambulante, y su padre, ayudante de obra, hacían hasta lo imposible por mantenerlo lejos de los peligros, temiendo que la envidia y las malas amistades lo rodearan. El joven, además de talentoso, era carismático. Las niñas lo buscaban y lo admiraban. Y esa popularidad, dicen las autoridades, pudo convertirse en su fatal sentencia.
El último beso del ‘niño mariachi’
El 15 de agosto de 2013 se levantó temprano, como de costumbre, para ir al colegio Los Pinos, en la localidad de Santa Fe. Se arregló con esmero antes de salir y pidió la bendición, como siempre. Sin embargo, su mamá no sabía que ese sería el último beso.
Ese día Carlos se fue acompañado de su hermana al colegio, pero antes de ingresar se detuvo y le manifestó que iba a esperar a alguien para hacer una tarea. Nunca entró a clases. Aceptó la invitación de una compañera de 15 años para subir al alto de La Peña, donde, mediante engaños, le prometió presentarle a una amiga.
Pero en el cerro lo esperaban dos jóvenes más, uno de 16 y otro de 18 años, compañeros de estudio. El plan, de acuerdo con la investigación, llevaba más de una semana gestándose y estaría relacionado con un hecho de celos por parte del joven de 16 años hacia Carlos, pues al parecer la menor de 15 años había despertado interés en él.
Cuando llegaron a la parte alta del sendero, el adolescente de 16 años lo atacó por la espalda, propinándole cerca de 20 puñaladas. Luego lo arrastraron hasta una cueva y lo cubrieron con piedras para ocultar cualquier rastro.

La espera que terminó en tragedia
La noche de ese jueves y las posteriores fueron de profunda tristeza y desesperación para la familia. El papá recorría calles y callejones hasta la madrugada buscando alguna pista del paradero de su hijo. Mientras tanto, su hermana Carol preguntaba insistentemente a los compañeros y amigos de Carlos si tenían conocimiento de su paradero; sin embargo, entre burlas y risas, nadie sabía nada.
El 23 de agosto Jenny, una de sus hermanas, decidió actuar. Junto a dos familiares y dos vecinos emprendió camino hacia el cerro Los Laches. Inicialmente, hallaron una huella de zapato que ella reconoció al distinguir el calzado de Carlos.
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Siguieron el rastro y, tras una intensa búsqueda, se encontraron con lo peor: en una cueva desolada, en medio de la zona verde, entre piedras, arena y polvo, estaba el cuerpo. ¡Era Carlos!
El hallazgo del cadáver confirmó la tragedia y aceleró la investigación. Mientras el país intentaba asimilar lo ocurrido, los responsables seguían asistiendo al colegio como si nada hubiera pasado. Días después, el menor de 16 años se entregó a las autoridades, confesó y señaló a sus dos compañeros como cómplices.

Con su testimonio fue capturado el joven de 18 años y, posteriormente, una adolescente de 15, señalada como presunta autora intelectual del homicidio. Los tres fueron procesados por el delito de homicidio doloso agravado.
El caso, marcado por los celos, viejas rencillas y la envidia, estremeció al país y generó una profunda indignación en la comunidad, pues apagó los sueños, los anhelos y la vida de quien hoy sigue siendo recordado como el ‘niño mariachi’, una promesa musical cuya historia aún resuena en su familia y en su barrio.
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