Migró buscando un mejor futuro para su hija, pero terminó asesinada. Sus tatuajes permitieron revelar quién era la víctima.
Riccemar Esperanza del Valle Carima González, una expolicía venezolana de 26 años, fue identificada como la mujer asesinada de un disparo en la cabeza el pasado 7 de marzo en el barrio Los Alpes de Cúcuta. La víctima había llegado a Colombia en busca de un mejor futuro para su hija, pero su historia terminó en un crimen que mantuvo en vilo a la ciudad durante varios días.
El homicidio ocurrió en la subida de la calle 2 con transversal 17, cuando la mujer llegó como parrillera en una motocicleta junto a un hombre. Según los reportes, ambos descendieron del vehículo y, de manera repentina, el sujeto le disparó en la cabeza, causándole la muerte en el lugar. Tras el ataque, el agresor huyó y hasta ahora es buscado por las autoridades.

En un primer momento, la víctima no pudo ser identificada porque no portaba documentos. Durante cinco días, el caso permaneció rodeado de incertidumbre hasta que las autoridades difundieron imágenes de los tatuajes que tenía en su cuerpo.
Entre las marcas que permitieron establecer su identidad estaban un corazón en la muñeca derecha, la palabra “Unforgettable” en uno de sus brazos, una cruz de colores rojo y azul en el antebrazo y una mariposa en el hombro. Las fotografías circularon en redes sociales hasta llegar a conocidos y familiares en Venezuela.
La confirmación generó conmoción en su ciudad natal, Barcelona, en el estado Anzoátegui, donde su familia recibió la noticia. Sus padres, Cecilia y Richard, así como otros parientes, comenzaron a organizar colectas para lograr repatriar el cuerpo y darle sepultura en su país.
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Riccemar había salido de Venezuela con la intención de ofrecer un mejor futuro a su hija, Mía Victoria, de seis años. Antes de llegar a Cúcuta, había vivido en Bogotá, donde trabajó como domiciliaria y en labores de limpieza.
En su país también tuvo una vida muy distinta. Fue integrante de la Policía de Lechería y participaba en un grupo de moteros que realizaba jornadas humanitarias para ayudar a personas enfermas y comunidades de escasos recursos.
Mientras su familia busca reunir el dinero para repatriar el cuerpo, las autoridades continúan investigando el crimen y tratando de establecer quién fue el responsable del asesinato y cuáles fueron los motivos detrás del ataque.
Nota escrita por Q’HUBO Bucaramanga.
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