De manera vil, cobarde y salvaje, la vida de Nicolás David Neira Álvarez, un joven de tan solo 15 años, fue apagada por el exagente del extinto ESMAD y patrullero de la Policía, Néstor Julio Rodríguez Rúa, quien fue hallado culpable por este crimen ocurrido hace ya casi 21 años. Un caso que, lejos de cerrarse, sigue siendo símbolo de impunidad y dolor para su familia.
Un crimen con sevicia
El domingo 1° de mayo de 2005, Nicolás salió de su casa en Suba sin imaginar que sería la última vez. Así lo recordó, desde el exilio, su padre, Yuri Enrique Neira Salamanca. “Era su primera marcha; no tenía conocimiento de que hubiera participado en alguna antes. Iba con un grupo de compañeros que trabajaban por los derechos de los animales”, relató. Días antes, el ambiente en la capital del país ya estaba tensionado por movilizaciones de centrales obreras, estudiantes y distintos sectores sociales. La conmemoración del Día del Trabajo no sería la excepción.
“La Policía venía desde el Planetario Distrital generando brutalidad, haciendo uso indebido de sus armas. La situación, como se dice popularmente, venía caliente. A la altura de la calle 19 los disturbios se intensificaron y comenzaron a disparar de manera indiscriminada”, aseguró Yuri. Nicolás, estudiante de noveno grado del Liceo Miguel de la Salle, se encontraba en la calle 19 con carrera 7, en la localidad de Santa Fe, a pocos metros de donde se concentraban los disturbios. Fue allí donde recibió una herida letal que, en medio del caos, pasó casi desapercibida en un primer momento.

Yuri Enrique Neira Salamanca, padre de Nicolás, vive ahora en el exilio por buscar justicia para su hijo. Entre las cosas desgarradoras que reveló, está que cuando su hijo cae al piso, “ocho miembros del ESMAD lo patean y lo dejan ahí inconsciente”.. Foto: suministrada.
Negligencia total
Lo que ocurrió después, según el relato de su padre, agravó aún más la tragedia. “Un grupo de jóvenes rodea el cuerpo de Nicolás, arriesgando sus vidas, y lo saca del lugar. La Policía pide una ambulancia, pero luego la cancela, basándose en informes falsos de los mismos uniformados que decían que él se había levantado y se había ido caminando”, explicó. Esa versión quedó consignada en los expedientes oficiales. Sin embargo, una fotografía que se volvió emblemática mostró a varios jóvenes cargando al menor de edad, lo que empezó a desmentir la versión institucional.
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Nicolás fue llevado a un centro asistencial cercano, pero requería traslado urgente a una clínica de mayor complejidad. Aunque el procedimiento fue autorizado, no hubo apoyo oportuno. “La Alcaldía de Bogotá ni la Secretaría de Salud facilitaron la ambulancia. A Fecode le tocó asumir el costo de una ambulancia medicalizada para poder trasladarlo”, denunció Yuri. Días después, el joven fue diagnosticado con muerte cerebral. Finalmente, el viernes 6 de mayo de 2005, a las 3:45 de la tarde, falleció. La herida, de 26 centímetros en la nuca, confirmó que fue atacado por la espalda.

Así se desenmarañó el homicidio de Nicolás
En un principio, las autoridades intentaron atribuir el hecho a una riña entre ‘punkeros’ y ‘metaleros’. No obstante, la insistencia de su padre permitió desmontar esa versión y avanzar en la investigación. Años después, se logró la condena de 17 años y 4 meses de prisión contra el patrullero Néstor Julio Rodríguez Rúa. Un testimonio clave fue el de Héctor Eliud Stiwal, miembro del ESMAD, quien en 2009 declaró que su compañero disparó directamente contra el adolescente con una granada recalzada de fabricación hechiza, cargada con metralla.
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Según su relato, tras el ataque intentaron encubrir lo sucedido y construir una versión falsa para desviar la responsabilidad. “Inclusive, compañeros de él cuentan que, al retirarse en el bus, Rodríguez dijo: ‘¿Sí vieron cómo levanté a ese chino… con el disparo?’ y se reía”, relató Yuri, evidenciando la crudeza del hecho. La sentencia fue confirmada en segunda instancia por el Tribunal Superior de Bogotá en 2022. Además, el entonces capitán Julio César Torrijos Devia aceptó cargos por encubrimiento, mientras que el mayor (r) Fabián Mauricio Infante también fue condenado por este delito.

Una lucha que no termina
A pesar de las decisiones judiciales, la familia insiste en que la justicia sigue incompleta. “Es triste que en este país haya jóvenes sin condena que llevan años en prisión, mientras que estos policías, con sentencias en su contra, no han pisado la cárcel”, cuestionó Yuri. El padre hizo estas declaraciones durante su última visita a Colombia, el 1° de mayo de 2025, fecha en la que se conmemoraron 20 años del crimen y se rindió homenaje a Nicolás.
En el ámbito administrativo, el Juzgado 37 Administrativo de Bogotá declaró responsable a la Nación por acción y omisión en la muerte del menor. La decisión, emitida en 2011, ordenó una indemnización cercana a los 160 millones de pesos para la familia. Sin embargo, más allá de lo económico, el dolor permanece intacto. Tras más de dos décadas, la familia de Nicolás continúa exigiendo justicia plena y garantías para que hechos como este no se repitan. Su caso sigue siendo una herida abierta en la memoria del país.
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