A las 2:00 p. m. del 21 de septiembre, en un apartamento del barrio San Bernardino, sector Potreritos (Bosa), tres niños jugaban en una habitación del tercer piso cuando, en cuestión de segundos, sus vidas cambiaron para siempre.
La tarde transcurría con normalidad, cuando el transformador que alimenta de energía a la cuadra empezó a emitir un zumbido extraño. Instantes después, un estallido lo rompió todo: una explosión, un destello y una onda expansiva que hizo vibrar las ventanas.
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“Fue algo muy delicado, muy preocupante, porque no fue fácil ver a esos niños con quemaduras, con un cable de alta tensión pegado en la ventana”, relata el padre de una de las menores afectadas. A solo 50 centímetros de la ventana, se extendía un cable de unos 12.000 voltios que, tras el corto del transformador, golpeó la pared donde los pequeños estaban recostados. “¡Siguen vivos de milagro!”, repite el hombre, aún con la voz temblorosa.
En busca de respuestas tras accidente eléctrico en Bosa
En el apartamento estaban el hermano y el padre de las niñas. Él y su esposa habían salido por unos minutos a comprar algo para preparar una sopa. Cuando regresaron, la escena fue indescriptible: las niñas estaban en estado de shock, con quemaduras en brazos, pecho y, en uno de los casos, también en el rostro. “No lloraban, estaban quietas, como sin saber qué pasaba”, recuerda.
El tercer niño, de 6 años, lloraba de dolor. Aunque sus heridas eran menos graves, también presentaba quemaduras que le fisuraron la piel.
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Angustiados, la familia trasladó a los tres menores al Hospital de Bosa, donde los médicos confirmaron la gravedad: quemaduras de segundo y tercer grado en el 30 y 35 % del cuerpo. Esa misma noche, los pequeños fueron remitidos al Hospital Simón Bolívar. Dos niñas ingresaron a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y el niño, a UCI intermedia, donde permaneció diez días antes de ser dado de alta.
Han pasado más de dos semanas y las niñas continúan en UCI. Su evolución ha sido positiva, pero la recuperación es lenta y dolorosa. Los médicos advirtieron que las cicatrices podrían requerir cirugías reconstructivas y que los efectos psicológicos serán un reto adicional. “Ahora ellas tienen que aprender a amar lo que son, porque este mundo es cruel. Hay mucho bullying, y eso duele más que las heridas”, lamenta el padre.
Empresa no ha dado respuesta y familia denuncia negligencia
El hombre asegura que, desde el día del accidente, no ha recibido ninguna comunicación de la empresa que suministra el servicio eléctrico. “Ellos no han preguntado si los niños siguen vivos, qué ha pasado o qué necesitamos. Solo mandaron unos técnicos a reparar el transformador, pero nadie vino a investigar ni a asumir responsabilidades”, denuncia.

El cable que provocó la tragedia sigue ahí, a pocos centímetros de la ventana donde jugaban los menores. “No he dejado que lo arreglen porque quiero que vean cómo fue, que se den cuenta del peligro”, explica.
La familia ya interpuso una demanda contra la empresa responsable, argumentando negligencia en el mantenimiento de la red. “Uno paga un servicio no solo por tener luz, sino por la seguridad de quienes viven cerca. Hay muchos cables de esos por toda Bogotá, peligrosamente pegados a balcones o ventanas. No queremos que otra familia viva lo mismo que nosotros”, concluyó.
¿Qué dijo ENEL?
Enel Colombia lamentó profundamente el incidente ocurrido en la localidad de Bosa, en el que, según información preliminar, tres menores de edad habrían recibido una descarga eléctrica en su vivienda.
La compañía informó que adelanta las investigaciones pertinentes en coordinación con las autoridades competentes para esclarecer con precisión lo ocurrido y determinar las causas del incidente.
Enel reiteró su compromiso con la prevención de accidentes eléctricos y solicitó el apoyo de las autoridades urbanísticas y de la comunidad para garantizar el respeto de las distancias de seguridad respecto a la infraestructura eléctrica.
Cabe resaltar que muchas familias aumentan los niveles en sus inmuebles sin tener en cuenta la cercanía de los cables con sus ventanas o terrazas, lo que representa un inminente peligro.
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