El fútbol, a veces tan ingrato, hoy nos arrebata a uno de esos hombres que entendió la profesión desde el trabajo, la humildad y, sobre todo, la resiliencia. Miguel Ángel Russo, a sus 69 años, se ha ido, dejando tras de sí un palmarés inabarcable y, lo que es más valioso, el respeto unánime de la pelota.
No es exagerado ubicarlo entre los grandes técnicos de la historia. Fue ese volante central que en Estudiantes se convirtió en capitán y figura con un mediocampo de lujo: “Russo, Trobbiani, Ponce y Sabella”. Un pensador del juego, que luego, con el buzo de DT, se forjaría una reputación como un “Rey Midas” silencioso. Ascendió dos veces a Lanús y devolvió a la categoría de honor a su amado Estudiantes. En Rosario Central, se convirtió en leyenda porque, ¡jamás perdió un Clásico ante Newell’s!
Pero su obra cumbre, el trofeo que lo catapultó a la inmortalidad, fue esa Copa Libertadores de 2007 con Boca Juniors. El propio Riquelme, la figura de aquel equipo, lo dijo sin dudar: “El equipo de Miguel Ángel Russo fue el que mejor jugó, sin dudas”.

Russo no necesitó gritar ni ser mediático; su autoridad emanaba de la cercanía con el jugador y de su capacidad para armar equipos competitivos y ordenados.
El Corazón ‘Embajador’ de la 15
Y es aquí donde Colombia tiene que sacarse el sombrero y despedir a uno de sus campeones más queridos. Porque si bien Russo triunfó en Argentina, fue en Millonarios donde demostró la estirpe de su carácter, especialmente cuando las circunstancias se ponían difíciles.
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Llegó a un club que anhelaba volver a la cima y, con su seriedad característica y ese perfil bajo, bordó una estrella en el escudo azul. La primera, la inolvidable Liga Águila de 2017, ganándole la final a Santa Fe, el clásico rival ‘Embajador’. Luego, reafirmó su poderío con la Superliga de 2018 ante Atlético Nacional.

En Bogotá, el ‘profe’ no solo ganó títulos; luchó una batalla personal contra la salud, demostrando una resiliencia de acero. Se levantó, volvió al banco y nos recordó a todos que los desafíos están para superarse con la misma humildad y disciplina que aplicaba en el campo.
Miguel Ángel Russo se despide como un símbolo del fútbol argentino, pero para el hincha ‘Embajador’, siempre será el técnico que, con trabajo y humildad, devolvió la gloria a Millonarios. Se fue un grande, uno de esos pocos entrenadores que, sin hacer ruido, lo ganaron todo y se metieron para siempre en el corazón de la hinchada.
Su capítulo final fue en Boca Juniors
Aún, en medio de los quebrantos de salud, causados por un cáncer que lo afectaba, Miguel tuvo la energía para sentarse en el banquillo y dirigir. Estuvo en Perú, Arabia Saudita y entre 2024 y 2025 comandó tres clubes: Rosario Central, San Lorenzo y Boca Juniors, donde no se guardó un solo día de descanso.
Hoy Miguel deja el mundo terrenal pero será recordado como una leyenda que entendió que en el fútbol ay que darlo todo para ganar, y que cuando las cosas salen mal, todo se cura con amor.
Escrito con la ayuda de la IA.
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