El ambiente de fiesta deportiva que rodeaba los Juegos Universitarios Ascun en Bucaramanga se tornó en controversia. Amatista Franco Aristizábal, atleta transgénero representante de la Fundación Universitaria Pascual Bravo de Medellín, protagonizó un hecho inédito al imponerse en su serie clasificatoria de los 200 metros planos femeninos. Sin embargo, su presencia en la final desató una ola de inconformidad que terminó por suspender la competencia.
La final que nunca se corrió
El lunes 20 de octubre debía disputarse la final nacional de los 200 metros planos en el estadio Luis Enrique Figueroa, ubicado en el barrio La Flora. Sin embargo, antes del disparo de salida, varias delegaciones decidieron retirarse en señal de protesta al confirmarse la participación de Franco Aristizábal.
La atleta antioqueña había logrado uno de los mejores registros del evento y su clasificación era legítima, pero el desacuerdo entre equipos llevó a que la carrera fuera cancelada. Hasta el momento, la organización mantiene en revisión los resultados, tanto de esta prueba como de los 100 metros vallas, otra competencia donde la deportista tenía previsto participar.

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Silencio institucional
Pese a la magnitud del caso, la Asociación Colombiana de Universidades (Ascun) no ha ofrecido una declaración oficial. Este evento deportivo reúne a decenas de universidades y cientos de atletas de todo el país y se considera el máximo escenario del deporte universitario colombiano. Las justas, que comenzaron el 17 de octubre, se extenderán hasta el 1 de noviembre en distintas sedes de la capital santandereana.
“No me dejaron correr, me violentaron”
A través de sus redes sociales, Amatista Franco denunció lo que considera un acto de violencia sistémica. En su mensaje afirmó que el episodio no solo afectó su derecho a competir, sino que evidenció una exclusión institucionalizada hacia las personas trans.
“Esto no se trata solo de una decisión deportiva —expresó—, sino de cómo se manifiestan distintas formas de violencia. Me individualizan como el problema, me exponen sin consentimiento y luego cancelan la competencia sin garantizar justicia ni respeto. Eso también es violencia”.
La atleta añadió que la desorganización afectó también a otras competidoras, incluidas deportistas con discapacidad, y pidió que se revisen a fondo las fallas en la gestión del evento.
Rechazo a la exclusión
Desde Bucaramanga, Diego Ruiz, vocero de la Corporación Conpazes, calificó lo ocurrido como un retroceso en los derechos de la población trans. “Le están cerrando las puertas a una comunidad que lucha por espacios de reconocimiento y equidad. Este caso puede marcar un precedente para el futuro del deporte colombiano”, sostuvo.
Ruiz pidió que las autoridades deportivas y judiciales investiguen los hechos y apliquen las normas de inclusión establecidas por la Constitución y las recientes decisiones de la Corte Constitucional.
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Un precedente judicial reciente
El caso de Amatista se da apenas semanas después de que la Corte Constitucional emitiera un fallo histórico a favor de la participación de personas trans en competencias deportivas. El tribunal amparó los derechos de Emiliana Castrillón, voleibolista antioqueña a quien se le había negado la inscripción en torneos femeninos.
La Corte determinó que no existe evidencia científica que pruebe una ventaja deportiva de las mujeres trans sobre las atletas cisgénero y subrayó que cada caso debe analizarse de forma individual, respetando los principios de igualdad y libre desarrollo de la personalidad.
Escrito por Q´Hubo Bucaramanga.
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