A pesar de que las autoridades colombianas han tratado de poner en cintura a los alimentos ultraprocesados, los resultados recientes apuntan a que no se ha podido romper una relación poco saludable. Aunque se piense que ya todo el mundo sabe que las gaseosas, las papitas, los paquetes de galletas y esa comida rápida llena de químicos no es lo más sano, la realidad es que seguimos comiéndolos como si nada. Y el resultado es que el exceso de peso no baja, se mantiene alto.
Así lo advierte la Universidad Nacional, que a través de una investigación encontró que el 56,4 % de los habitantes del país se encuentran en situación de sobrepeso. Lo que pone la balanza de salud del país en contra de las intenciones de tener una mejor calidad de vida.
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Los ultraprocesados están generando un problema pesado
Los alimentos ultraprocesados son productos elaborados a partir de múltiples ingredientes y aditivos como colorantes, conservantes y edulcorantes, diseñados para mejorar su sabor, apariencia y duración. Se caracterizan por su alto contenido de azúcares, sodio y grasas, así como por su bajo valor nutricional, lo que los convierte en una opción frecuente pero poco saludable en la dieta diaria.
“Estos productos implican un mayor grado de modificación industrial y suelen diseñarse para ser intensamente atractivos al gusto, pero esta formulación no responde a criterios nutricionales sino a la aceptación del consumidor”, explica Tania Yadira Martínez, profesora del Departamento de Nutrición Humana de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
Según los datos del centro de pensamiento económico Anif, el país recaudó $ 2,2 billones de pesos por concepto de impuestos saludables; de estos, $ 1,9 billones fueron por el comercio de alimentos ultraprocesados, dando a entender que en el consumo cotidiano, este tipo de alimentos ocupa un lugar importante en las mesas del país.

La Encuesta Nacional de Situación Nutricional de 2015 ya mostraba que más del 50 % de la población adulta presentaba exceso de peso, una condición asociada con enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2, afecciones cardiovasculares, hipertensión arterial e incluso algunos tipos de cáncer, y frente a la cual los avances han sido limitados.
“Tenemos estrategias como el etiquetado frontal. Cuando una persona va a comprar un producto, puede ver los sellos que indican si tiene exceso de azúcares, sodio o grasas, lo que facilita tomar decisiones frente al consumo”, señaló la profesora Martínez ante Radio UNAL, haciendo un recuento de las normativas que no se limitan a impuestos para tratar de hacer más costosas las ‘comidas chatarra’ y desincentivar su consumo frecuente.
La normativa también establece la implementación de etiquetado frontal de advertencia en los empaques. Estos sellos, generalmente de color negro, indican si un producto contiene exceso de azúcares, sodio, grasas saturadas o edulcorantes, y le permiten al consumidor identificar rápidamente su composición nutricional.
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El sobrepeso infantil es el más complejo
Organismos como Redpapaz han denunciado que las empresas acuden a diversas estrategias para incentivar la ingesta de ultraprocesados, los cuales van desde empaques llamativos y comerciales con influenciadores hasta concursos, premios y promociones.
En este contexto, la población infantil se ha convertido en uno de los principales públicos objetivo. Estudios académicos señalan que las bebidas azucaradas, las golosinas, los helados y cereales para el desayuno concentran gran parte de la promoción en el mercado. La OPS advierte que la exposición temprana a esta publicidad influye en las preferencias alimentarias y se asocia con el aumento del sobrepeso y la obesidad.

En el mundo más de 390 millones de niños y adolescentes presentan exceso de peso. En Colombia el 24,4 % de los niños entre 5 y 12 años y el 17,9 % de los adolescentes presentan sobrepeso, según la ENSIN 2015, lo que evidencia que este problema también afecta significativamente a la población infantil del país.
Infortunadamente, señala la investigación, en la actualidad los tiempos reducidos en los hogares están llevando a que los alimentos saludables sean desplazados por estos productos listos para consumir, perdiéndose la práctica de la cocción y el acceso a una mejor dieta.
Con información de la Universidad Nacional de Colombia.
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