Entre sacos de fertilizante, guías de cultivo y madrugadas bajo la neblina, Tatiana Rueda López, identificada en redes como representante del Valle del Cauca, subió al escenario de la Plaza de Mercado de Paloquemao y recibió una corona que, más que brillo, simboliza la dignidad del trabajo rural. La elección, parte del primer certamen Miss del Campo Colombia, fue la culminación de una convocatoria nacional impulsada por la Fundación Jorge Lozano del Campo que buscó visibilizar las historias de mujeres campesinas y vendedoras de plazas de mercado.
El evento final, celebrado el 3 de octubre de 2025 en Paloquemao, reunió a decenas de mujeres de distintas regiones del país: campesinas, vendedoras y madres cabeza de hogar que llevaron a la tarima relatos sobre la tierra, la alimentación y la transmisión de saberes.

Según la organización, el concurso no se trata de juzgar cuerpos, sino de premiar trayectorias de vida que sostienen la soberanía alimentaria y la memoria campesina. Esa premisa fue el hilo conductor de una jornada que incluyó presentaciones, música y la exhibición de una corona manufacturada en Mompox con gemas colombianas, diseñada como símbolo de biodiversidad y pertenencia regional.
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Un ejemplo de vida
Tatiana Rueda López representó al Valle del Cauca en la final. Los registros en plataformas sociales de la propia participante y en comunicados del evento muestran imágenes y videos de su coronación, así como reacciones de apoyo de organizaciones y medios locales que cubrieron la jornada. En sus intervenciones, la nueva reina enfatizó el papel del campo como presente y futuro: habló de motivar a las nuevas generaciones a no abandonar la tierra y de la posibilidad de vivir dignamente de la agricultura familiar.
“Orgullosa de lo que pude lograr. Muy agradecida con ustedes por el apoyo que me brindaron. Quiero decirles que estoy portando esta corona, pero no quiero que quede solo en esta corona y en un reinado que se hizo y que nos homenajearon. En unos dias se va a olvidar esto, pero no quiero; yo quiero inspirar, quiero apoyar, quiero seguir alzando la voz por nosotros los campesinos para que nos escuchen, para que en verdad haya un cambio”, aseguró Tatiana.
La Fundación Jorge Lozano del Campo, impulsora del reinado, describió el proyecto como una gira nacional que recorrió plazas y municipios para recoger historias: la convocatoria superó las expectativas y, según la fundación, buscó seleccionar finalistas que representaran la riqueza regional del país. Organizaciones y medios que difundieron la iniciativa resaltaron que la final se pensó como una celebración pública del trabajo de las mujeres en los mercados y en el campo, con premiaciones que incluyeron montos en efectivo y joyería de colección para la ganadora y sus escoltas.
La pieza que se entregó en la coronación una corona elaborada en Mompox y descrita por los organizadores como una joya que incorpora piedras preciosas colombianas fue diseñada para representar la biodiversidad y la identidad cultural del país. Jorge Lozano, director de la fundación, ha repetido en entrevistas y comunicados que el reinado “califica corazones” y que la corona debía ser una joya con sentido nacional. Esa intención de articular simbolismo y oficio artesanal buscó reforzar el carácter reivindicativo del certamen.

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Más allá del título, la narrativa que emergió de la final fue la de historias cotidianas: mujeres que madrugan, que conocen de semillas y mercados, que sostienen familias y tradiciones. El alcance del concurso con cobertura en emisoras y medios digitales locales permitió que testimonios que suelen quedar en las plazas llegaran a una audiencia más amplia, generando debates sobre visibilidad, reconocimiento y alternativas para fortalecer la economía rural. Algunos medios destacaron, además, la diversidad de edades entre las participantes, incluidos casos de mujeres mayores que llevaron consigo décadas de experiencia.
Finalmente, la coronación de Tatiana Rueda representa para muchas comunidades un reconocimiento público: una mujer del campo que, por unos instantes bajo los reflectores, dio voz a un universo laboral que alimenta ciudades y preserva saberes. La pregunta que queda para la agenda pública es cómo convertir ese reconocimiento en políticas y recursos que permitan que más jóvenes y familias encuentren en la tierra una opción de vida digna. Mientras tanto, la imagen de Tatiana con la corona hecha en Mompox se mantiene como símbolo de una apuesta comunicativa por reivindicar la belleza del trabajo y la resistencia de las mujeres rurales colombianas.
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