Lo que comenzó como una denuncia aterradora que se viralizó en redes sociales ha terminado siendo una falsa alarma, pero ha dejado en evidencia los peligros de la desinformación y la estigmatización. El Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA) desmintió categóricamente que los restos óseos hallados bajo el puente de la Calle Sexta con Carrera 30, en la localidad de Puente Aranda, correspondieran a una “fosa común de perros”.
Tras un análisis técnico, se confirmó que los huesos son de origen porcino (cerdo) y provendrían de un establecimiento cercano.
El origen de la falsa alarma
La controversia estalló el pasado miércoles 21 de enero, cuando imágenes de varios cráneos y huesos amontonados en lonas bajo el puente inundaron las redes sociales. La denuncia inicial, sin ningún soporte técnico, aseguraba que se trataba de una fosa común de perros que habrían sido sacrificados por habitantes de calle para su consumo.
La gravedad del rumor generó una ola de indignación y llevó a que un equipo del IDPYBA y la Policía Metropolitana se desplazara a la zona para investigar.
La investigación y los hallazgos reales
En el lugar, las autoridades encontraron siete cráneos que, a simple vista, no parecían de caninos. Según testimonios de habitantes del sector, los huesos llevaban allí aproximadamente dos meses. La investigación condujo a un establecimiento cercano que vende productos cárnicos.

El local confirmó que, como parte de su actividad, generan residuos óseos, incluidos cráneos de cerdo. Aclararon que estos desechos son depositados en contenedores para su disposición final, pero que, presuntamente, son retirados por terceros sin autorización.
“La publicación, sin soporte alguno, hablaba de la presencia de una supuesta fosa común de perros (…), hecho absolutamente falso, que generó señalamientos e injusticias en contra de esta población“, señaló el IDPYBA en un comunicado.
Rechazo a la estigmatización
El director del IDPYBA, Antonio Hernández Llamas, fue enfático en rechazar los señalamientos contra los habitantes de calle. “No existe fosa común y segundo, no es cierto que los habitantes de calle coman perros para alimentarse. Por favor, no creamos lo que surge de las redes sociales”, afirmó.
Recordó que, en muchos casos, los habitantes de calle y los animales de compañía “constituyen familias interespecie que se cuidan, se quieren y se dan mucho acompañamiento”.
El caso fue remitido a la Secretaría de Salud para que verifique si el establecimiento comercial involucrado está cumpliendo con la normativa para la disposición final de residuos biológicos.
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