La extraña y trágica muerte de Sandra Catalina Leyva Acosta ha consternado a los capitalinos, luego de conocerse que esta joven perdió la vida tras asistir a una entrevista de trabajo en el barrio El Perdomo, en la carrera 74A con calle 63 bis sur, localidad de Ciudad Bolívar.
Su padre, Luis Alirio Acosta Rodríguez, relató cómo fue contactada su hija, por quien, un mes y un día después de su asesinato, no se ha capturado a ningún responsable, lo que ha llevado a este padre a clamar justicia por su “muñeca”, como cariñosamente la llamaba.
Desgarrador relato
“Todo empezó pocos días antes de que me la mataran, el viernes 8 de noviembre. La niña tuvo una oferta de trabajo a través de WhatsApp. A mi hija la contactó una excompañera de estudio que se llama Ceci Ariza. Esta mujer sirvió como intermediaria con una señora que se llama Carolina Correa, quien le informó todo sobre esa oferta de empleo. La compañera Ceci contactó a mi hija el domingo 3 de noviembre, y hasta un día antes de que pasara todo, la puso en contacto con la otra muchacha, quien le ofreció trabajo para hacer unas piezas audiovisuales. Catalina trabajaba medio tiempo en MercadoLibre y quería otro empleo, ya que estaba estudiando segundo semestre de Diseño Gráfico en el Politécnico Grancolombiano. Fueron varias conversaciones donde le decían que iba a trabajar haciendo contenidos audiovisuales”, relató Don Luis a Q’HUBO.
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Sin que la familia de Catalina, que residente del barrio Soledad norte (Engativá), levantara sospechas sobre esta oferta laboral, la joven de 24 años salió en la noche del jueves a quedarse con su novio para, posteriormente, en la mañana del viernes, asistir a la cita que terminó siendo mortal.
“Andrés, el novio de mi hija, la acompañó hasta donde tenía la cita. La dejó en la casa donde aparentemente funcionaba eso, en la calle 63 sur con carrera 75K, pero como a las 10:00 a.m. Andrés llamó a mi hijo mayor, el hermano de Catalina, para decirle que ella no aparecía y que le había enviado un mensaje asustada, junto con una foto donde se veía un tipo con sudadera y gorra. Cuando Andrés llegó al CAI, recordó que tenía una aplicación que mostraba la ubicación de mi hija y les dijo a los policías que la tenían secuestrada. Así fue como los agentes se dirigieron a un lugar apartado del CAI Perdomo, donde encontraron a Catalina botada boca abajo, ya sin vida, con su celular debajo de ella.
Yo llegué allá y ya todo estaba acordonado. Ella tenía su ropa intacta, hasta sus gafitas puestas. Pero luego, diez días después, nos llegó el resultado de la necropsia, donde decía que mi hija tenía varios golpes en las piernas, espalda, glúteos y el pómulo. También decía que fue víctima de asfixia y abuso sexual. Además, le faltaban dos uñas, que se habían partido. Para nosotros, ella intentó defenderse.
Los investigadores no me han manifestado nada hasta el momento. Nos han dicho que no han podido avanzar con la investigación porque, en menos de un mes, ya cambiaron al fiscal. Yo creo que esto fue una fachada o una trampa que le tendieron a la niña para llevarla a redes de trata de blancas o estudios webcam. Pienso que, al ver esto, la niña quiso retractarse o devolverse y no se lo permitieron.
Mi hija ya estaba cursando dos carreras y había iniciado una tercera. Yo le digo a la Fiscalía que no se necesita tener un nombre o una posición de poder para que se investigue y se haga justicia, más teniendo tantas pruebas como los chats de quienes la contactaron. Yo, semanalmente, voy un día a la Fiscalía para ver en qué ha avanzado el caso, pero lo único que dicen son evasivas. Nos dijeron que no había videos, pero sé que las autoridades tienen grabaciones del lugar de los hechos. No entiendo por qué tanta demora en la investigación”, concluyó el padre de Catalina.
Quién era Catalina Leyva

“Mi hija había estudiado una tecnología en criminalística y auxiliar de enfermería, ella era una ciudadana ejemplar, era un ser humano que brindó lo mejor de ella para su trabajo, sus amigos y en sus estudios ella amaba su moto. Ella hacía parte del club de motociclistas ‘Los Clandestinos’. Además, Catalina tenía un emprendimiento por Instagram, donde ella vendía donas y sandwiches, la verdad era muy juiciosa y solo quería salir adelante”, relató Luis Leyva, padre de Catalina.
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