Sonia Susa Sanabria no duerme bien desde el pasado 8 de septiembre. Esa fue la última vez que escuchó la voz de su hijo, Cristian Fabián Villalobos Susa, un joven de 32 años que dejó su vida en Bogotá para viajar a Ucrania, convencido de que allá podría cambiar su destino y asegurar un mejor futuro para su madre y su hija, de 7 años.
Desde entonces no hay señales de vida. Solo rumores, audios confusos y una certeza que le quiebra el alma: su hijo fue engañado y podría estar muerto.
Sin respuestas sobre su paradero

Cristian trabajaba como vigilante y vivía en el barrio Villas del Progreso, en Bosa. “Él era papá y mamá para su hija; un niño juicioso, trabajador, que no fumaba ni tomaba”, recuerda Sonia, con la voz entrecortada.
Un amigo le habría ofrecido viajar a Ucrania para “disparar a drones” a cambio de $ 19 millones mensuales. Sonia no le creyó. “¿Con qué plata, si no tenemos ni para comer?”, le dijo. Sin embargo, el 12 de julio Cristian renunció a su trabajo y el 24 del mismo mes le anunció: “Mami, voy en el vuelo rumbo a Ucrania, ya me pagaron todo. Voy a ir para hacerle su casita y para tenerla bien a usted y a la niña”.
Los primeros días desde su llegada fueron difíciles. A través de videollamadas, Sonia lo veía agotado, con el pie morado y el rostro cansado. “Me decía que estaba bien, pero una madre sabe cuando un hijo está sufriendo”, cuenta.
El 8 de septiembre tuvieron su última comunicación. Cristian le dijo que iba a salir a una “misión” y prometió escribirle en unos días. Nunca lo hizo.
Búsqueda desesperada de una madre
Desde ese momento, Sonia inició una búsqueda contrarreloj. “Llamé a todo el mundo: soldados colombianos, contactos en redes sociales, a un tal Johnny que recluta gente. Le grité: ‘Mándeme a mi hijo, no me importa si me manda a matar, pero devuélvame a mi hijo’”.
Días después recibió un audio en el que una voz aseguraba que su hijo había caído en combate entre la frontera de Rusia y Ucrania. Desde entonces, no ha recibido una confirmación oficial. “No hay fotos, no hay pertenencias, no hay pruebas. Solo ese mensaje”, lamenta.
Cristian firmó un contrato en ucraniano para prestar un “servicio militar voluntario”, pero nunca recibió el pago prometido. Antes de desaparecer, pidió 400 mil pesos a su hermano para cubrir alojamiento y comida.
Sonia recuerda con dolor su última conversación: “Yo no lo veía muy animado. Me puse a llorar y le dije: ‘Hijo, ¿por qué se fue? Mire mi enfermedad, ahora yo sola’. Y él me respondió: ‘No, mamita, voy a estar bien. Yo estoy acá para hacer lo de la casa’. Yo le lloré: ‘¿Qué casa ni qué nada? Yo no quiero casa, yo lo quiero es acá’. Y él me dijo: ‘Ya me toca seguir, porque firmé contrato por seis meses y me quitaron el pasaporte’”.
Un pedido urgente

La súplica de Sonia hoy es clara: que el Gobierno colombiano y las autoridades ucranianas le ayuden a encontrar a su hijo, vivo o muerto, o que le permitan viajar en un vuelo humanitario para buscarlo ella misma.
“Yo no quiero una casa, quiero a mi hijo. Así le falte un pie, así esté herido, pero quiero abrazarlo. Y si no, que me lo devuelvan para enterrarlo”, dice entre lágrimas.
Asegura que ha tocado puertas en la Cancillería, pero la respuesta ha sido que “no hay recursos”.
“Le pido al Gobierno que se toque el corazón y frene esto. Que ya no salgan más jóvenes a morir por falsas promesas. No son mercenarios, son muchachos trabajadores que se van por amor a sus familias”.
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