Lo que debería ser un epicentro de entretenimiento se ha convertido en una fuente de polémicas y quejas. El escenario Vive Claro, en Bogotá, se encuentra en el ojo del huracán por dos graves problemas que afectan directamente a sus usuarios y vecinos: las constantes inundaciones que arruinan la experiencia de los asistentes y el ruido ensordecedor que, según el Hospital Universitario Nacional, atenta contra el bienestar de sus pacientes.
Una experiencia pasada por agua
Las recientes y fuertes lluvias en la capital dejaron en evidencia, una vez más, la vulnerabilidad del escenario. Videos que se hicieron virales en redes sociales mostraron el complejo completamente inundado, con asistentes tratando de resguardarse en medio de enormes charcos.
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Esta situación revivió una vieja controversia. Usuarios y defensores ambientales recordaron las críticas que se hicieron durante la construcción del recinto, señalando que fue levantado sobre un terreno con características de humedal. El concejal José Cuesta, por ejemplo, ha insistido en que el suelo fue modificado con rellenos, lo que explicaría por qué el sistema de drenaje colapsa con facilidad. Para los asistentes, la experiencia se ha vuelto una lotería que depende del clima.

El ruido que perturba a los pacientes
Pero la polémica no se queda en el agua. A pocos metros del escenario se encuentra el Hospital Universitario Nacional, una institución que ha lanzado una seria advertencia: el ruido de los conciertos está superando los niveles permitidos para una zona hospitalaria en horario nocturno, afectando la recuperación de los pacientes y el trabajo del personal médico.

En un comunicado, el hospital informó que un estudio técnico propio confirmó que las mediciones sonoras en varios eventos sobrepasaron los topes legales. La denuncia fue respaldada de inmediato por vecinos del sector, quienes a través de videos han demostrado el alto volumen que se percibe en los alrededores, incluso a varias cuadras de distancia.
La respuesta de los organizadores
Frente a las acusaciones, la empresa organizadora, Ocesa Colombia, presentó una contraparte técnica. Según un informe entregado a la Secretaría de Gobierno, los conciertos “no han generado afectación acústica” en las zonas sensibles del hospital.
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La compañía asegura que las mediciones realizadas por un laboratorio acreditado por el Ideam, incluso en la UCI del segundo piso del hospital, arrojaron valores que cumplen con los estándares internacionales de la OMS. Según Ocesa, los picos de ruido detectados en los sonómetros no provienen de los conciertos, sino de “actividades internas del hospital, como tránsito de personal o movimiento de equipos”.
Aunque Ocesa afirma que sus resultados coinciden en parte con los del hospital, la interpretación de los datos es el centro del debate. Mientras tanto, los pacientes siguen expuestos al ruido y los asistentes a los conciertos, al riesgo de terminar con los pies en el agua.
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