La Alcaldía de Bogotá advirtió sobre la posibilidad de declarar una alerta roja si los niveles de los embalses continúan disminuyendo. Aunque inicialmente se anunció el levantamiento de las medidas de racionamiento entre el 23 de diciembre de 2024 y el 6 de enero de 2025, el panorama sigue siendo preocupante. Según el alcalde Carlos Fernando Galán, la tendencia actual refleja un descenso alarmante en los niveles de agua que podría comprometer el abastecimiento para millones de bogotanos, especialmente si el consumo no disminuye y las lluvias no mejoran la situación hídrica de la ciudad.
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El sistema Chingaza, que incluye los embalses Chuza y San Rafael, ha presentado una reducción significativa en sus niveles de agua en las últimas semanas. Entre el 25 de noviembre y el 13 de diciembre, los niveles descendieron del 53,27 % al 49,91 %, marcando un mínimo que amenaza la sostenibilidad del suministro. Según las estimaciones, si no entrara más agua al sistema, Bogotá contaría con agua para 178 días antes de entrar en alerta roja, y dos meses adicionales bajo esta medida extrema. Esta situación refleja la necesidad urgente de implementar acciones para preservar los recursos disponibles.
El alcalde Galán enfatizó que la evaluación constante será clave durante las próximas semanas para determinar el rumbo de la ciudad. Según datos recientes, el consumo de agua se encuentra en 16,38 m³/s, un nivel que exige monitoreo y control. Se espera que durante las festividades de diciembre y enero se registre una reducción en el consumo, como ha ocurrido en años anteriores, donde los promedios mostraron descensos de hasta un 5 %. Sin embargo, la Alcaldía hace un llamado a la ciudadanía para adoptar prácticas responsables que contribuyan al ahorro del recurso hídrico.
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¿Qué podemos hacer para evitar la Alerta Roja?
Entre las recomendaciones más urgentes están evitar acumular agua durante los racionamientos, reutilizar el agua de la lavadora para tareas como la descarga de sanitarios, y reducir el uso de mangueras para lavar vehículos, optando por baldes y trapos. Estas acciones buscan mitigar el impacto de la crisis y prolongar el tiempo de suministro mientras se evalúan otras medidas. Bogotá se enfrenta a un desafío crucial que requerirá tanto esfuerzos colectivos como estrategias gubernamentales para evitar que esta crisis hídrica se convierta en una emergencia irreversible.
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