La denuncia
Según su testimonio, la agresión ocurrió el pasado 6 de febrero, a las 9:30 a. m., cuando llegó a su vivienda, ubicada en la carrera 78A con calle 42A bis sur, y encontró a su inquilino destruyendo varios objetos mientras realizaba su trasteo para desalojar el lugar.
“Mi suegro falleció hace dos años y le dejó un apartamento a mi esposo en un segundo piso. Cuando intentamos ocuparlo, descubrimos que estaba arrendado. Le pedimos al inquilino que desalojara, lo cual desató su ira. Finalmente, acordamos que se iría el 6 de febrero, día en el que ocurrió la agresión”, relató María.
¿Cómo ocurrió la agresión?
Ese día, mientras el inquilino retiraba sus pertenencias, aparentemente molesto por tener que abandonar el inmueble, comenzó a ocasionar daños. “Cuando llegué de trabajar, lo vi intentando romper las ventanas. Empecé a grabarlo y le pedí que se detuviera, advirtiéndole que llamaría a la Policía. En ese momento, desistió, pero comenzó a acusarnos de haberle robado. Luego, se acercó una mujer a grabarme. No sabía quién era, pues él vivía solo. Como no me dijo nada, no le presté atención”, narró la víctima.
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Mientras María grababa, el inquilino se acercó a la mujer y le susurró algo al oído. Acto seguido, le entregó un machete y ella se dirigió directamente a María para atacarla con varios machetazos. Las cámaras de seguridad del sector registraron la brutal agresión.
“Mientras me miraba las heridas, él comenzó a golpear la bicicleta con la que trabajo y también dañó mi celular. Los vecinos se alertaron y mi esposo salió a intentar detener la situación, pero lo intentaron atacar con el machete. Logró subir al segundo piso y encerrarse, pero su celular quedó en el primer piso, donde la mujer lo tomó junto con el machete y huyó”, relató María.

Luego, agregó: “Mi esposo salió y discutió con el inquilino. Los vecinos ya habían llamado a la Policía y, cuando los agentes llegaron, se llevaron al agresor, pero la mujer escapó. A mí me trasladaron a un centro médico, donde me cogieron ocho puntos en el cuello y tres en el brazo, además de atender varios moretones. El corte en el cuello quedó cerca de una arteria y afectó mis cuerdas vocales. El dolor era insoportable, no podía acostarme, comer bien ni cuidar a mis hijos, de 9 y 3 años. Aunque la herida sanó, sigo sintiendo dolor”, contó.
El agresor quedó en libertad y, días después, la familia comenzó a recibir amenazas.
“Rastreamos el celular de mi esposo y apareció en el parque Villa del Río, envuelto en bolsas negras y enterrado en un hueco. El agresor estuvo preso, pero lo dejaron libre. La denuncia quedó registrada como lesiones personales agravadas. Nos informaron que habría una conciliación para evaluar los daños y las lesiones que sufrí, pero hasta el sol de hoy no ha pasado nada. Después, otra persona nos amenazó, diciendo que esto no se quedaría así. Días después, enviaron a alguien más a advertirnos que destruirían el apartamento y que nos cuidáramos porque ‘esto estaba candela’”, puntualizó la víctima.
María pide a las autoridades que atiendan su caso, pues teme por la integridad de su familia. “Esta persona pudo haber acabado con mi vida y dejar a mis hijos sin su mamá. Lo que me pasó necesita justicia. Esta persona es peligrosa”, concluyó.
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