Aunque para muchos pareciera que cada vez más personas a su alrededor están teniendo hijos, la realidad en Colombia muestra un panorama distinto: la tasa de natalidad ha disminuido y, para muchas mujeres, la decisión de convertirse en madres está llegando a edades más tardías.
El mes de las madres no solo se convierte en una temporada para homenajear y celebrar a quienes dieron vida, también es una época en la que vuelven a tomar relevancia las cifras sobre natalidad y maternidad en distintos lugares.
Y es que, aunque para muchos la percepción de que todas las personas en su entorno están teniendo hijos y que hay muchos bebés es alta, la realidad frente a las cifras oficiales es otra. Según la Organización Mundial de la Salud, la tasa global de fecundidad ha disminuido de 5 hijos por mujer en 1950 a cerca de 2,3 en la actualidad, lo cual ha significado un impacto importante en la productividad y en los sistemas sociales y laborales de diferentes partes del planeta.
En el caso de Colombia, Coomeva resaltó una cifra del Departamento Administrativo Nacional de Estadística en la cual se evidencia que la tasa de fecundidad en el país se ubica cerca de 1,6 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1.
Y es que ese cambio en la percepción de tener hijos para muchos hogares se debe a la llamada concientización. Muchos señalan que traer vida a este planeta significa gastos, tiempo y dedicación, sin hablar de los cambios climáticos que se han convertido en una preocupación. Muchos adultos prefieren tener una estabilidad económica y emocional, lo cual ha generado que los embarazos se empiecen a dar en edades más tardías.
Esta noticia es positiva si se analiza desde el punto de vista en el que niñas y niños no están criando bebés, sino que se están enfocando en otras cosas. Pero el problema empieza a evidenciarse cuando las poblaciones comienzan a ser envejecidas y las mujeres no tienen las mismas posibilidades de traer bebés a edades maduras.

En el caso de Bogotá, durante 2025 los nacimientos en madres entre los 10 y 14 años representaron apenas el 0,6 . Entre los 15 y 19 años la cifra fue del 15,0 , mientras que el grupo entre los 20 y 24 años alcanzó el 39,0.
Las cifras más altas se concentraron en mujeres entre los 25 y 29 años, con un 42,3, seguido del rango entre los 30 y 34 años, que representó el 37,0. Por su parte, las madres entre los 35 y 39 años registraron un 24,3, mientras que entre los 40 y 44 años la cifra fue del 6,5. En mujeres de 45 años o más, los nacimientos representaron el 0,2.
Aunque en Bogotá los nacimientos siguen concentrándose principalmente en mujeres mayores de edad, la reducción en las cifras de natalidad es cada vez más evidente. Mientras en 2005 se registraban cerca de 111.888 nacimientos en la capital, para 2025 la cifra cayó a 55.646, mostrando una disminución significativa en apenas dos décadas.
Menos natalidad y embarazos con más cuidados
Detrás de esta transformación también hay un cambio importante en la manera en la que las mujeres viven la maternidad. Hoy es más común que muchas decidan tener hijos después de consolidar su vida profesional, económica o emocional, una situación que hace algunos años no era tan frecuente.
Sin embargo, los especialistas advierten que los embarazos a edades más avanzadas requieren un mayor acompañamiento médico. Organizaciones internacionales han alertado que después de los 35 y 40 años pueden aumentar algunos riesgos durante la gestación, razón por la que los controles prenatales y el seguimiento oportuno se vuelven fundamentales.
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Aun así, expertos aseguran que la maternidad tardía no debe verse como un problema, sino como una realidad social que requiere información y acceso adecuado a servicios de salud. “Hoy vemos con mayor frecuencia mujeres que deciden ser madres después de los 35 o incluso los 40 años. Esto no es un problema en sí mismo, pero sí implica un seguimiento médico más juicioso”, explicó Margarita Bello Álvarez, ginecoobstetra de Coomeva Medicina Prepagada.
Las cifras muestran que Colombia atraviesa un momento de cambio demográfico que poco a poco modifica la estructura de los hogares, las dinámicas laborales y hasta la economía. Mientras nacen menos niños, también crece la necesidad de garantizar condiciones que permitan maternidades seguras, acompañadas y planeadas.
Porque más allá de los números, la discusión también refleja cómo las nuevas generaciones están replanteando la idea de formar una familia y las condiciones en las que quieren hacerlo.
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