Entre el miedo, el dolor y el silencio institucional, una madre denuncia el abuso sexual del cual habrían sido víctimas su hijo e hija, de tan solo 8 y 7 años, a manos de su padrastro. A pesar de haber acudido a las autoridades y formalizado la denuncia, asegura que el proceso avanza con lentitud, lo que ha incrementado su angustia y la sensación de abandono.
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Según su testimonio, su pareja sentimental, de 29 años y con quien sostenía una relación de cuatro años, fue el responsable de semejante infamia cuando se encontraban en el municipio de Puerto Concordia (Meta). “Yo soy venezolana, llegué a Colombia hace 5 años. Lo conocí cuando empecé a trabajar en un restaurante. Yo entré como auxiliar de cocina y él era el jefe del área. Con el tiempo empezamos a hablar, a compartir más, y así se fue ganando mi confianza y la de mis hijos; él los trataba como si fueran de su propia sangre”, relató.
Infame denuncia: padrastro los habría abusado desde el año pasado

La mujer señala que se enteró de lo ocurrido el pasado 19 de enero, luego de un episodio ocurrido la noche anterior que la llevó a indagar con mayor detenimiento. “En la noche vi una situación que me alertó y al día siguiente empecé a preguntarles directamente a mis hijos qué estaba pasando”, recuerda.
Tras preguntarles si alguna vez su padrastro, G. Oliveros Valencia, les había hecho algún tipo de tocamiento en sus partes íntimas, ellos confesaron a su madre los abusos a los que eran sometidos desde el mes de noviembre.
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“Me dijeron: ‘mamá, es que él me tocaba. Me metía los dedos y me hacía cosas con la boca y con las manos. También usaba su pene’. El niño también relató las cosas que le obligaba a hacerle a su hermana. La niña también me indicó que cuando era más pequeña también le habría hecho tocamientos”, narró la madre.
Uno de los momentos más difíciles, recuerda, fue escuchar a su hija relatar cómo el agresor le pedía guardar silencio. “Ella me dijo que era un ‘secreto’ y que les compraba cosas para que no hablaran. Eso me destrozó”, agregó entre lágrimas. El niño, por su parte, habría confesado que también actuaba por miedo. “Decía que no hablaba porque le pegaban”, asegura la mujer.
Tras confrontar al señalado agresor, este habría huido del lugar. La madre interpuso la denuncia ante Fiscalía, sus hijos fueron sometidos a valoración y se confirmó los abusos sexuales. Desde entonces, la mujer denuncia haber recibido amenazas por parte de familiares del presunto responsable.

Por temor a represalias, la madre abandonó el municipio con sus hijos y regresó a Bogotá, donde hoy permanece refugiada junto a su familia. “Me tocó dejarlo todo. Vendí lo poco que tenía porque tenía miedo por mi vida y por la de mis hijos”, reiteró.
Aunque el caso involucra a menores de edad, asegura que no ha recibido llamadas, citaciones ni información concreta sobre órdenes judiciales o asignación de apoyo legal. “Estoy en el aire. No sé en qué Fiscalía está el proceso ni qué más tengo que hacer. Nadie me responde”, denuncia.
Su llamado es directo a las autoridades: “Lo único que pido es que este caso no lo dejen morir. Son mis hijos los que están afectados y necesitan justicia. Yo he hecho todo lo que está a mi alcance, pero necesito que las autoridades actúen y que este proceso avance con prontitud”.
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