La vida de Yuli, una mujer de 27 años, cambió por completo tras comer un sushi en un restaurante. Lo que parecía una simple comida terminó desatando graves problemas de salud: sufrió un accidente cardiovascular, una parálisis facial, perdió parte de su movilidad y tuvo que reaprender a comer.
La vida de Yuli Vargas cambió por completo después de una salida a comer sushi. A raíz de ese momento, su salud empezó a ir en picada. Inicialmente fue diagnosticada con salmonela y tifoidea, enfermedades que surgen por el consumo de alimentos contaminados.

Este descubrimiento solo sería la punta del iceberg, pues tras esa detección, Yuly fue internada en un hospital por 23 días, de los cuales varios los pasó en cuidados intensivos. Por 12 días tuvo alimentación asistida; no podía comer ni tomar agua por sí sola, ni su organismo lo recibía.
Dentro de este periodo, le dio pancreatitis (se le inflamó el páncreas, que está ubicado detrás del estómago) y fue operada de la vesícula. Durante el procedimiento corrió muchos riesgos. Posterior a la operación, sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) que le provocó parálisis facial en la parte derecha de su rostro, por lo cual tuvo que iniciar terapias de rehabilitación.
Su sistema nervioso había colapsado y ningún medicamento podía detener el dolor, ni siquiera un sedante para entubar pacientes.
Después de que su cuerpo colapsara y tras muchos exámenes, los médicos determinaron que tiene lupus eritematoso sistémico (LES) con afectación al sistema nervioso y al páncreas.

El LES es una es una enfermedad autoinmune crónica en la que el sistema inmunológico, que normalmente protege al cuerpo de infecciones, ataca por error los tejidos y órganos sanos. En el caso de Yuli la esta enfermedad esta atacando el sistema nervioso y el páncreas.
Tras enterarse de qué era lo que la estaba afectando salió del hospital, pese a que muchas noches pensó que no podría, pero lo logró. Los médicos le dijeron que si seguía en el hospital se exponía más a bacterias que, bajo su condición, eran muy peligrosas.
Volver a casa es un alivio; por lo menos está en un espacio conocido y rodeada de su familia, pero ha perdido su independencia. No puede caminar por su cuenta y está reaprendiendo a comer. Su alimentación es restringida, no puede bañarse ni ir al baño sola, depende totalmente de sus seres queridos y toma 20 pastillas diarias, además de medicamentos para que su cerebro no perciba el dolor.
Su vida antes de comerse ese sushi

Antes de esa comida, Yuli estudió marketing digital en Ecuador, fue modelo y trabajaba en un negocio familiar, donde manejaba las redes sociales, se encargaba de labores administrativas y coordinaba diversas actividades del emprendimiento..
Sus días eran muy activos, pues además de atender el negocio familiar se ocupaba de su rol de mamá. En su tiempo libre iba al gimnasio y cuidaba su alimentación; era una persona con hábitos saludables.
Hoy, Yuli se siente aliviada de al menos contar con un diagnóstico y saber que los médicos pueden actuar de alguna manera.
Este proceso apenas comienza y enfrentará un largo camino de recuperación, pero lo más importante es que no está sola: todo lo está transitando de la mano de su familia y seres queridos.
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