Entre lágrimas y con la voz quebrada, doña Lizeth Lerma Segura clama por justicia y ayuda. Su hija, Marlén Emilia Ceballos Lerma, de apenas 14 años, murió en extrañas circunstancias en Venezuela el pasado 16 de agosto.
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Madre pide ayuda para repatriar el cuerpo de su hija a Colombia
La versión oficial que le dieron a la familia es que la menor “se quitó la vida”, pero su madre no lo cree. “Mis hijas nunca fueron criadas con esa idea, nosotros nacimos en la religión cristiana, donde eso es pecado. Yo no creo que mi hija se haya suicidado”, dijo en entrevista con Q’HUBO.

El dolor de esta mujer se mezcla con la impotencia. No solo enfrenta la tragedia de perder a su hija, sino la imposibilidad de repatriar el cuerpo. “Lo único que quiero es que me ayuden a traer a mi hija, sea en cuerpo completo o cremado. Necesito salir de esta agonía que me está matando”, suplica.
La Cancillería, afirma Lizeth, “le cerró las puertas”, y ahora todo depende de donaciones para reunir el dinero y cumplir su deseo: despedir a su niña en Colombia.
Doloroso relato de una madre por querer a su hija a salvo
La historia de Marlén Emilia al parecer fue marcada por la manipulación y el control de un hombre mayor. Tenía apenas 13 años cuando conoció a J. Alvarado, un venezolano de 24 años, con quien se fue a vivir a los pocos días en el mes de febrero. Según su madre, desde entonces la joven cambió por completo.

“Yo busqué ayuda en Icbf, en Fiscalía, pero no hicieron nada. En noviembre ella volvió a vivir conmigo. Yo le decía que se alejara de ese muchacho, pero ella continuaba su relación con él y terminó viajando a Venezuela a los tres meses”, recuerda.
Su hermana, Sofía, confirmó cómo aquel sujeto instrumentalizó a la menor: “Ella servía como anzuelo. Hablaba con muchachos por Facebook, se citaban y él llegaba con otros a robarlos. Lo hizo dos veces porque no le gustaba, pero él la amenazaba con dejarla si no obedecía”, dijo la familiar.
El martirio que vivió en Venezuela
La menor tomó la decisión, sin el consentimiento de su madre, de irse a vivir con él a Venezuela. En ese país, según la familia, la situación empeoró.
“Una vez la vimos con un ojo morado, le decíamos que regresara, pero ella respondía: ‘No, yo acá estoy bien’. Cuando peleaban, decía que se venía, pero después nos decía que ya se había contentado con él”, relata su madre.
Sofía agrega que allá también la maltrataba la mamá del hombre: “No la dejaban salir, a veces ni hablar con nosotras. Incluso él respondía el celular por ella”, contó.
Lo que no les cuadra
El día de su muerte, la joven había hablado con su hermana Sofía. Le aseguró que estaba empacando maletas para volver a Colombia. “Me dijo: hermanita, nos vemos el lunes. Pero a las 4:30 de la tarde recibí la llamada del muchacho diciéndome que mi hermana se había colgado. Realmente nosotros no creemos esa versión”, recuerda Sofía.
La familia no ha recibido un dictamen forense oficial ni pruebas claras. Solo un acta de defunción.
“Nos dicen que de pronto ya la tiraron a una fosa común, porque no fuimos a reclamar el cuerpo, pero eso no se le hace a una familia. Han pasado más de 17 días y no tenemos respuestas”, reclama la hermana.
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Claman por ayuda para repatriar el cuerpo a Colombia
Mientras tanto, la madre de la menor ruega al Gobierno colombiano que la ayude.
“Señor presidente Gustavo Petro, canciller, ministro de Relaciones Exteriores, ayúdenme a traer a mi hija. No tengo pasaporte ni recursos, no quiero que quede olvidada en otro país. Yo solo quiero enterrarla acá, salir de este calvario, quiero encontrar respuestas”, dijo Lizeth.
Quien desee colaborar con la familia puede comunicarse al número 322-375-4044, el contacto directo de doña Lizeth.
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