El cuerpo de la víctima fue hallado en partes dentro de una cava abandonada en el Canal Bogotá, cerca de la calle 11, en la zona limítrofe entre los barrios Cundinamarca y San Miguel.
Según el general William Quintero, comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta, las autoridades continúan la búsqueda de otra persona que habría participado en el crimen. No obstante, se pudo conocer que hay un cuarto sospechoso bajo investigación por su posible vinculación con el caso.
El pastor Marín y su esposa María Cristina Abril serían los fundadores de dicha fundación llamada Centro de Restauración Encuentro con el Cristo que había iniciado en Bogotá y abierto una sede recientemente en Cúcuta.
De igual forma, un conocido del pastor reveló que se había separado recientemente de su esposa y había tomado la decisión de irse a Cúcuta. La última foto que se tomó el pastor Marín antes del cruel asesinato de Sixto fue junto a él en la Terminal de Transportes de la capital del país junto a dos habitantes de calle.
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El comandante operativo de la Policía Metropolitana de Cúcuta, coronel Julio Olaya, indicó que las pruebas recolectadas en la vivienda, incluyendo rastros de sangre que los agresores intentaron limpiar, han sido fundamentales para avanzar en las pesquisas. Las evidencias también sugieren que inicialmente los homicidas pretendían incinerar el cuerpo, pero finalmente optaron por desmembrarlo y ocultarlo en la cava de icopor.
Hallazgo del cuerpo
Sobre el mediodía del jueves, 27 de febrero, habitantes en condición de calle hicieron un impactante hallazgo en pleno Canal Bogotá. Partes de un cuerpo desmembrado habían sido abandonadas en el lugar y dispuestas en una cava de icopor.
Ocho días después, se revelaron detalles claves para esclarecer este violento hecho que habría ocurrido cinco días antes de quedar al descubierto.
Entre finales de enero y comienzos de febrero cuatro hombres, incluido la víctima quien respondería al nombre de Sixto Ferney Rojas Montalvo, llegaron a Cúcuta y se radicaron en el barrio Carora. Tenían el propósito de continuar con el proceso de rehabilitación para dejar el consumo de sustancias estupefacientes y ayudar a otras personas, a través de una fundación que pretendían crear.
El grupo era liderado por un supuesto pastor evangélico, quien se encargaba de guiar a los otros en el proceso de recuperación. Aunque durante los primeros días todo marchaba como lo planeado, con el pasar de las cosas cambiaron. Uno de los hombres decidió regresar a Bogotá y en Cúcuta quedó Sixto Ferney con los otros compañeros, sin imaginar que se convertirían en sus verdugos.
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“La víctima llegó con el pastor y dos personas más que ya tenían un proceso, se establecen en una vivienda del barrio Carora con la intención de formar una fundación, ahí empiezan a hablar con habitantes de calle y consumidores para que dejaran ese camino de adicciones y construyeran una mejor vida. Como hubo buena acogida y no había lugar en esa casa para nadie más, uno de los que viajó con ellos, se devolvió a Bogotá”, reveló una fuente anónima al diario La Opinión.
Las charlas motivacionales para dejar el consumo y las lecturas de la biblia, pasaron a ser largas fiestas donde reinaban las drogas y el alcohol. Aunque el objetivo inicial pasó a un segundo plano, el líder, ahora para las parrandas, seguía siendo el mismo: el pastor.
“Ya el pastor no lo encontraba uno en la casa, duraba días en sus juergas y los muchachos a su cargo hacían todo lo que él decía; ellos por su condición de adictos, no tenían como un criterio propio. Él les decía que hicieran cualquier cosa y de una vez ellos lo hacían sin cuestionarlo. Fue así como recayeron a ese mundo que querían dejar”, agregó la fuente, al citado medio.
El sábado 22 de febrero habría ocurrido el atroz crimen. Ese día, el supuesto pastor se habría percatado que entre sus pertenencias faltaba un millón de pesos, de inmediato comenzó a investigar entre los habitantes de la casa.
Dos hombres, conocidos con los alias de Samario y Tumis, aprovecharon la situación para culpar a Rojas Montalvo, quien no estaba en sus cinco sentidos debido a los efectos de las drogas y el alcohol, de haber tomado el dinero.
El pastor, alias Samario y Tumis habrían comenzado a golpear a Sixto Ferney con el propósito de tener información del dinero, la golpiza fue tan brutal que terminaron asesinándolo.
Una vez consumado el crimen, los tres hombres intentaron deshacerse del cuerpo y eliminar las evidencias. Presuntamente, el pastor habría enviado a Tumis a comprar una herramienta para cortar el cuerpo y luego quemarlo.
“Todavía no se sabe por qué no quemaron el cuerpo completo, los restos que encontraron las autoridades fue lo que faltó. Sin embargo, Samario, quien tendría la tarea de quemar el cuerpo, terminó en un centro asistencial con graves quemaduras en su cara, pecho y brazos. Tal parece que mientras desaparecía la evidencia se quemó”, detalló al fuente a La Opinión.

Las partes que no fueron quemadas (cabeza y piernas) fueron introducidas en una cava de icopor. Días después los señalados homicidas le pagaron $500.000 a un habitante de calle para que desapareciera la cava junto con los restos, sin embargo este hombre decidió dejar la cava en el Canal Bogotá, lugar donde fue hallada el 27 de febrero.
Redacción Q’HUBO Bucaramanga.
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